Impuesto gaseoso

En México arrecia debate por idea de gravar refrescos
Impuesto gaseoso
La propuesta de impuesto a los refrescos en México busca recursos para combatir la diabetes y la obesidad.
Foto: Reforma

MÉXICO, D.F.— Damian Sotelo es un joven albañil que aprovecha el descanso de la jornada de trabajo para ver a su esposa e hijo de dos años en un parque cercano donde descansa y beberse una Coca Cola.

Sotelo, sin quererlo, hace parte del debate en el Congreso que discute subir el precio de las bebidas edulcoradas como una medida contra la obesidad y la diabetes.

El presidente Enrique Peña quiere cobrar un peso por cada litro de refresco a través del Impuesto Especial sobre Producción de Servicios, detallado en la Reforma Hacendaria que envió al legislativo el pasado 8 de septiembre.

Los datos de salud pública revelan que si no se hace algo pronto, el Estado no soportará el gasto de alrededor de 14 millones de dólares que implica atender la obesidad, la diabetes meullitus y la insuficiencia renal que requieren compra de medicamentos, consultas y hospitalizaciones.

Sotelo resume desde la banca del parque su sapiencia sobre el tema con una sola frase: “Sé que me hace daño”.

El problema es que tomar bebidas edulcoradas ya es parte de su cultura y aunque trata de reducirlo por lo menos dos veces por semana cae en la tentación. “Tomo refresco desde niño, me enseñaron que es una forma de convivir”.

La agresiva campaña mercadológica de las refresqueras es un aliciente. Desde el siglo pasado llegaron a las poblaciones más recónditas del país con todo y refrigerador para colocarse al frente de las pequeñas tiendas de abarrotes como un novedoso producto que con la publicidad se convirtió en un símbolo de socialización, de estatus y alegría, sin advertencia sobre los riesgos por el abuso.

El resultado: en seis de cada 10 hogares en el país no se bebe agua, sino bebidas edulcoradas envasadas que suman en promedio 163 litros al año por persona; es decir, 40% más que en Estados Unidos, país que ocupó hasta 2012 el primer lugar como consumidor mundial de refresco.

Desde el Senado, legisladores encabezados por Marcela Torres Peimbert impulsan incrementar más del 10% que propone Peña; para ellos, es necesario subir hasta el 20% para ver resultados tangibles en una década y recabar al menos unos 2 mil millones de dólares de impuestos.

Esta recaudación se canalizaría a la instalación de grifos con agua potable como se comprometió México en 2011 al reconocer ante la ONU el derecho al líquido purificado como un derecho humano.

“Actualmente no existe ningún programa nacional para la introducción de agua simple potable y gratuita en las escuelas y en los espacios públicos en México”, observa Torres.

La senadora Ana Gabriela Guevara promueve etiquetar en las bebidas una leyenda en la cual se advierta: “El consumo en exceso de este producto puede causar obesidad”.

De acuerdo con el INSP, las bebidas edulcorantes aportan 21% de calorías al día mientras que lo aceptable es de 10%.

La Asociación Nacional de Productores de Refresco argumenta en defensiva que el sobrepeso es un “problema multifactorial” que incluye la falta de ejercicio y no sólo el consumo de sus productos.

Además calculó que el gravamen significaría el cierre de 750 mil puntos de venta y el incremento de 14 veces el precio real con afectaciones a los bolsillos de los más pobres, aunque la experiencia en 19 países donde se ha establecido el impuesto revela lo contrario.