Alcaldes bajo la mira del crimen

En juego dinero, poder y venganza que a veces llegan a alguno

MÉXICO, D. F.— La violencia criminal que alcanza a los políticos mexicanos no se detiene. Hay en juego mucho dinero, poder y venganza que a menudo alcanzan a alguno para cobrarle la vida. El más reciente es Julio César Salinas, ex alcalde del municipio de Huehuetlán, sobre quien los asesinos soltaron los balazos que pudieron.

Quedó botado en medio del campo potosino hasta que la policía lo halló este jueves en medio de un charco de sangre, igual que meses atrás estuvo su enemiga política y ex regidora local Amalia Terán en un escenario urbano, en medio de las lavadoras de su negocio de ropa para limpiar donde le cortaron el cogote.

Las autoridades estatales nunca han ligado los crímenes a asuntos políticos. Ni siquiera manejaron una hipótesis cercana cuando un grupo de pistoleros entró hasta el escritorio del alcalde de El Naranjo, en 2010, donde despachaba el también empresario de 35 años que murió después de recibir varias descargas.

De Terán concluyeron que fue un robo, a pesar de que su mujer culpó a Salinas en su cuenta de la red social Facebook días antes de su muerte. De Julio César Salinas, el procurador de justicia, adelantó a la prensa todavía con escasos indicios que se trata de un asunto relacionado “al crimen organizado”.

En el día a día, el narcotráfico y sus derivados aparecen cada vez más como chivo expiatorio y los casos de asesinatos de alcaldes se van acumulando sin justicia o sentencias condenatorias.

La Federación Nacional de Municipios de México lleva en su lista 43 asesinatos y 30 secuestros desde 2009. Todos sin resolver y con una cuenta creciente que no se detuvo en el cambio de sexenio.

La reforma política que comenzó a discutirse en el Congreso podría ser una oportunidad para voltear a ver a los eslabones más débiles.