Semana histórica para miles de inmigrantes en California

Decenas marcharon en San José a favor de la reforma y celebraron la firma de la ley que otorgará licencias a indocumentados

SAN JOSÉ.— Para José Sandoval, la marcha del sábado 5 de octubre no fue como cualquier otra. Justo ese día, el gobernador de California Jerry Brown firmó el Trust Act (Ley de la Confianza), la cual se espera que evite deportaciones innecesarias como las que ya han ocurrido a través del mal llamado programa Comunidades Seguras (Secure Communities, o S-Comm). Por si fuera poco, dos días antes, el histórico jueves 3 de octubre de 2013, Brown aprobó la ley AB 60, gracias a la cual miles de californianos sin documentos podrán solicitar una licencia de manejar.

“Me siento muy contento de saber que el resultado de cientos de marchas que hicimos dio el fruto esperado: que se firmara la ley de las licencias. Y asimismo, eso es un indicativo [de] que tenemos que seguir haciendo estas manifestaciones pacíficas buscando una reforma migratoria”, dijo Sandoval, un veterano activista pro inmigrante, fundador del grupo Voluntarios de la Comunidad de San José.

Este mexicano nacido en el estado de Michoacán promete seguir marchando todos los primeros sábados de cada mes, como lo ha hecho desde hace tiempo. Su caminata del sábado 5 en la tarde coincidió con el llamado Día de la Dignidad y el Respeto, un movimiento nacional cuyo objetivo fue presionar a los legisladores de la Cámara de Representantes para que avance un proyecto de reforma migratoria este año. Se estima que ese día se realizaron casi 200 eventos a lo largo del país a favor de la causa migratoria. Sandoval también asistió a otra manifestación en la mañana de ese día.

“Hoy estamos aquí con la comunidad que necesita arreglar el estatus migratorio, y muy contentos todos”, dijo el inmigrante, que en sus marchas siempre porta su característica camiseta azul turquesa.

A las marchas de Sandoval a veces asiste menos gente, quizá por la frecuencia con la que las realiza. Pero a la del sábado 5 de octubre fueron por puro gusto más de un centenar de personas; algunas de ellas que habían trabajado ese día y confesaron estar cansadas.

Gloria, madre de seis hijos y también oriunda de Michoacán, era una de esas personas. Más temprano estuvo trabajando en un café de Sunnyvale, donde realiza labores de todo tipo, desde la limpieza a cocinar o exprimir los jugos. Lo único que no hace es cobrar en la caja porque —según confesó— no habla bien inglés.

La señora Gloria dijo que estaba cansada, pero que a pesar de eso decidió asistir a la marcha para luchar por su familia y por otros inmigrantes. “Quiero que haya una reforma para todos mis paisanos, para mí, para todos, para que esté mejor toda mi gente, para que todos puedan manejar a gusto, con una licencia propia, sin miedo a que los pare un policía, para estar mejor en el futuro todos”, dijo la mujer, al tiempo que caminaba desde la esquina de las calles Story y King hacia la alcaldía de San José.

Ella celebraba que un día antes su situación migratoria se había resuelto con la obtención de sus documentos legales, pero marchaba por otros que no los tienen; algunos de ellos, de su propia familia.

Otra que marchaba por sus parientes era Lina Fernández, una ciudadana estadounidense de 20 años de edad que llevaba en una carreola de Dora la Exploradora, a toda velocidad, a Princess Bella, su sobrinita de dos años.

“Yo marcho porque mi mamá no es ciudadana y estoy luchando por ella, porque yo no quiero que se vaya a su país, quiero que esté aquí conmigo”, dijo la joven en español y con un poco de acento de inglés. La madre de Lina es de Durango, México, pero ha vivido en este país más de veinte años. Trabaja como janitor, limpiando oficinas en Cisco Systems.

Lina cree que si se aprobara la reforma migratoria su mamá podría tener un mejor trabajo y un futuro más brillante.

“Yo quisiera que mi mamá fuera a la escuela, y estudiara otra cosa, y mejorara su vida”, expresó Lina caminando de prisa con todo y carreola, y tratando de que su sobrinita no soltara el letrero que cargaba, el que decía: “La raza unida jamás será vencida”.

La pequeña Princess Bella es ciudadana estadounidense; pero su tía Lina dijo que la llevó “para que aprenda a luchar por los suyos desde chiquita. Para que ellos aprendan que todos merecemos ser iguales”, añadió.

Roberto Muñoz también es miembro de Voluntarios de la Comunidad, y también iba vestido con su camiseta azul. Casi al final de la marcha, frente a la alcaldía de San José, el hombre nacido en Guanajuato, México dijo sentirse seguro de que tarde o temprano se aprobará la reforma migratoria.

“Si nos dieron las licencias de manejar nos van a dar la reforma; nada más hay que seguir con marchas, seguir diciéndole a los congresistas que nos ayuden, al presidente [Barack] Obama. Con este tipo de marchas yo creo que aportamos mucho, porque nos mantenemos unidos y nos mantenemos luchando”, afirmó, y expresó su agradecimiento al gobernador Jerry Brown por haber firmado la ley AB 60.

Muñoz no es uno de los que se beneficiarán con la nueva ley de las licencias, porque —según explicó a El Mensajero— él ya tiene sus papeles gracias a la amnistía de 1986 aprobada por el presidente Ronald Reagan, a través de la cual casi 3 millones de indocumentados regularizaron su situación migratoria.

A pesar de residir legalmente en este país, Muñoz dijo que él marcha a favor de otros que no tienen documentos legales, como su propia esposa. Ilustró con una anécdota su sentir. Narró que en una de las marchas que participó antes, su hija de doce años le preguntó: “Papi, ¿por qué hacemos esto? ¿Qué ganamos nosotros?”.

La respuesta de Roberto fue: “Hay muchas personas que no tienen documentos para vivir en este país”… La pequeña nacida en Estados Unidos, replicó: “¿Y qué son documentos? ¿Yo tengo papeles?”.

El padre, sin saber muy bien cómo explicarle, finalmente le dijo: “Tú no necesitas papeles porque naciste en este país, pero tu mamá sí los ocupa”. Y de esa manera, la niña entendió que debía seguir marchando.