Adiós a la temporada, pero no al sueño

Ahora todo es comprensible y abundan las razones para entender porqué los Cardenales derrotaron a Dodgers y dejaron en la cuneta la ilusión de las tropas azules de Don Mattingly y el sueño de festejo de los febriles aficionados de la colina azul.

Como eran favoritos los Cardenales, la batalla siempre pareció cuesta arriba. Siempre pareció que Adrián González y sus tenientes, necesitaban un plus de talento o de valor para avanzar a la Serie Mundial, pero como los sueños no se escriben en las notarías ni cotizan en la bolsa, todos creyeron que podían revertir la realidad y hacer la machada. Pero no fue posible.

Ya estábamos advertidos de todo lo que le costaba a los Dodgers batear fuera de casa en esta postemporada y cuando todos creíamos que el maleficio del Busch Stadium era asunto superado después de ganar dos en su patio angelino, la anemia ofensiva volvió a ser un mal sin remedio posible y con dos hits ante el novato Michael Wacha se resignaron pronto a lo que temprano, pasó de ser una derrota predecible a una paliza sin adjetivos.

No hay ningún reproche de cara a la realidad palpable y sufrida. No la hay para Mattingly que puso a su mejor hombre Clayton Kershaw para la cita decisiva. Y no hay ningún reproche para Kershaw por haber fallado ante un gran equipo cuando sus compañeros no pueden frente al pitcheo enemigo.

Los Dodgers, que ganaron tantos juegos gracias a Kershaw no pierden debido a él. Pierden por que son un equipo en construcción que juega pelota de Liga Americana en la Liga Nacional. Y ese acaso sea el mayor pecado de Mattingly,

Los Dodgers pierden también porque su rival fue claramente superior. En lo previo y con los números a la mano decíamos que era el duelo del gran pitcheo de Dodgers frente al mejor bateo de los Cardenales. O si usted lo prefiere el beisbol grupal de detalles pequeños de San Luis frente al “momentum” de los Dodgers.

Sobre el terreno y cuando ya hacemos el recuento de los daños, resulta que el gran pitcheo lo tuvo Cardenales encabezado por el joven Wacha, (MVP de la Serie) que ha tolerado apenas una carreras en 22 entradas de postemporada.

Perder porque el rival es superior y aceptarlo es una manera de honrar la competencia.

Dodgers competían con el equipo que compran los millones, frente a un equipo de tradición que pelea sus batallas con la cosecha de propio patio. Así han sido grandes antes y así lo son ahora que van para Serie Mundial número 19 de su historia.

Todo es comprensible.

Los Dodgers intentaban retorcer el cuello a ese destino tramposo que los tiene lejos de la fiesta grande hace 25 años, pero tenían al frente al peor de los rivales. Aun con el viático del buen perdedor de por medio, ha sido una manera cruel de ponerle el colofón a la serie.

Los 48 lanzamientos Kershaw en la tercera entrada y luego la hemorragia de carreras a mitad de juego que lo dejó fuera del alcance de los Dodgers ha sido un castigo innecesario y acaso inmerecido.

Fue una paliza.

Estoy seguro que todos habríamos querido otro guión para cerrar esta historia. Perdiendo o ganando, pero sin fuerza extrema.

Así se muere la temporada de los Dodgers que suman un montón de cosas buenas en esta segunda mitad, entre ellas el surgimiento de Yasiel Puig, el regreso de Hanley Ramírez y la consolidación de Adrián González.

Se muere la temporada pero no se muere el sueño de los fanáticos del beisbol que el año que viene estarán allí de nuevo listos a dar otra batalla más junto a los de la Chávez Ravine. Cayó el telón, luego la seguimos.