¿Dónde quedó la dignidad?

Hay mensajes a la más pura esencia macartista que se cuelan en la mente de las audiencias y toman como ciertos los estereotipos de las películas
¿Dónde quedó la dignidad?
Con las revelaciones que de a poco han ido filtrando los medios internacionales, el tema del espionaje, el narcotráfico y varios más seguirán dando elementos para que México haga reclamos formales.
Foto: Archivo

Dignidad: f. Cualidad de digno, que se comporta con decoro y se hace respetar. Seriedad de las personas en la manera de comportarse.

Se dice que la diplomacia se basa en el sentido común y la comprensión. A la vez, que las diferencias y los debates que se dan entre los diversos gobiernos de cada país requieren de la aplicación de la inteligencia y buen tacto. Sin embargo, parecería que a nuestro gobierno y a buena parte de nuestra sociedad se nos ha ido olvidando la dignidad como país.

Desde junio de este año, cuando estalló el escándalo sobre la red de espionaje de Estados Unidos contra ciudadanos y gobiernos, denunciada por el ex analista de la CIA, Edward Snowden, el nombre de México ha aparecido en repetidas ocasiones y nuestra dignidad no ha echado mano de la inteligencia y el tacto requeridos para reclamar el abuso contra nuestro gobierno, nuestras industrias y nuestros ciudadanos.

En su momento, el gobierno mexicano dijo estar consciente del tema y que recurriría al diálogo directo con Washington.

De acuerdo con revelaciones hechas por el diario británico The Guardian, Estados Unidos vigila las comunicaciones de 38 embajadas y ha tenido información de industrias petroleras o de cuestiones políticas de países como México, Brasil y Francia, entre muchos otros. Mientras que México ha protestado a través de comunicados y pidiendo investigaciones, la respuesta de Brasil fue totalmente diferente. Una vez que se supo de los casos de espionaje, la Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, canceló un viaje a Washington hace cinco semanas, y condenó el espionaje de la NSA en un discurso en las Naciones Unidas.

Este domingo, la revista alemana Der Spiegel publicó que el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, había autorizado hackear el correo electrónico oficial de Felipe Calderón cuando aún era mandatario del país.

Al respecto, Calderón consideró que “más que personal, es un agravio a las instituciones del país, dado que se realizaron cuando ejercía el cargo de Presidente”.

Y estamos totalmente de acuerdo. No es un tema personal, es un agravio a nuestras instituciones.

Y si la dignidad, de acuerdo con la definición del diccionario, es hacerse respetar, no es con una actitud sumisa que lo vamos a lograr. Sobre todo que de acuerdo con las revelaciones que de a poco han ido filtrando los diversos medios internacionales, el tema del espionaje, como el narcotráfico y varios más seguirán dando elementos para que México haga reclamos formales.

Justo en octubre de hace dos años cuando Calderón era Presidente sus expresiones o reclamos no fueron tan enérgicos. Se mostró hasta ingenuo con el tema específico de la Operación “Rápido y Furioso”, como se le llamó el plan de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de los Estados Unidos, para vender entre mil 500 y 2 mil 500 armas a presuntos criminales y dejarlas pasar hacia México con el fin de rastrearlas e identificar a los responsables que venden armamento que luego va a parar a manos de narcotraficantes. Esto ocurrió de octubre de 2009 a septiembre de 2010 y sólo se recuperaron 797 armas. Más allá de las posibles consecuencias de todo este operativo es que todo ocurrió sin que las autoridades norteamericanas informaran o alertaran al gobierno de México.

En octubre del 2011, cuando se reveló esta información, el diario The New York Times publicó la entrevista que le hizo a Calderón sobre el tema de “Rápido y Furioso”, y él contestó: “No me voy a prestar al juego de que, ahora que finalmente las agencias del gobierno de los Estados Unidos se están preocupando más por colaborar con nosotros para frenar el flujo de armas, yo me presté al juego de golpearlos desde acá”.

A insistencia del periodista sobre si no habría sido un insulto que no se le avisara del tema, el mismo Calderón respondió: “No me molesta.

Para él, un reclamo de lo que agentes de la DEA hicieron en nuestro país podía debilitar a una agencia federal en Estados Unidos. Lo importante, una vez más, era la seguridad de los ciudadanos y, por ende, la dignidad de la nación como tal.

En su momento lo importante era dejar clara la molestia por el trasiego de armas que en vez de que los agentes de la DEA pudieran seguir a quienes las compraran, sirvieron para que se pudieran armar los carteles de la droga que provocaron la muerte de unas 80 mil personas durante su misma administración.

En palabras del actual Embajador de México en Estados Unidos, la cooperación entre ambas naciones contra el narcotráfico ha mejorado en el marco de la iniciativa Mérida. Pero si eso es así y queda en el marco de las declaraciones que nos expliquen en Estados Unidos las razones de mantener en secreto una operación (o varias) del calibre de “Rápido y Furioso” o de proyectar varias películas donde los mexicanos pasamos de ser el flojo dormido bajo el nopal y cubierto por un gran sombrero, a puros traficantes de drogas. Y tampoco hemos tenido reclamos formales sobre el tema a pesar de que en una presentación en el Club Nacional de Prensa en Washington, el mismo Embajador, Eduardo Medina Mora, acusó a Hollywood de distorsionar la imagen de México

Pero de la queja no pasamos y este verano, por ejemplo, se proyectaron películas como Two Guns, We are the Millers y Depicable me 2 (Mi villano favorito 2) entre otras, en las que el tema es el mexicano malo.

Son películas palomeras con las que los jóvenes y adultos de Estados Unidos (y del mismo México) se divierten.

Sin embargo, pocos se quejaron sobre la identidad de los malosos. No es una cuestión para desgarrar vestiduras. Sin embargo, sí creo en que hay mensajes a la más pura esencia macartista que se cuelan en la mente de las audiencias que toman como ciertos los valores o estereotipos de las películas. Sólo como recordatorio, el malo de Mi villano favorito carga con la bandera mexicana como tatuaje y presenta la imagen de un individuo gordo, con bigotes, achaparrado. Ese personaje es un mexicano, “el macho” que se roba una sustancia que afecta a quienes la consumen. Al final, Gru, termina venciendo al macho a balazos. ¿Suena exagerado? No lo creo. Menos cuando los estadounidenses mantienen un debate totalmente racista sobre el tema migratorio y sobre las drogas. Una vez más no hay una protesta que marque nuestra dignidad como mexicanos.

Y si bien no lo hubo por parte del gobierno, es peor que nosotros mismos, como mexicanos, en su mayoría, ya ni nos cuestionamos el punto y sólo disfrutamos de la película.

En una época en la que muchos se sienten pesimistas porque no se ven soluciones claras cuando tenemos pendientes los debates sobre la educación, la energía, la legalización o no de la mariguana, el tema de la seguridad, los medios de comunicación, las condiciones migratorias de los grupos centro y sudamericanos que llegan a México y también de los mexicanos que cruzan la frontera y hasta sobre el fracaso de la selección de futbol es importante sentirnos dignos y hacernos respetar.