Rebelión de faldas

Aún luchan por derecho al voto, un sueño que cumple 60 años en México

Rebelión de faldas
Eufrosina Cruz (izq.) tuvo que dar una fuerte lucha para poder llegar a ser diputada.
Foto: La Opinión - Archivo

MÉXICO.—El país está de gala este año porque celebra 60 años del voto de la mujer, con foros, reflexiones y hasta una propuesta del presidente Enrique Peña para que la mitad de las curules del legislativo sea para ellas.

Pero la realidad dio en estos días un duro golpe de ironía en Oaxaca.

En el poblado de San Bartolo Coyotepec, la mitad del padrón electoral no pudo ejercer el derecho constitucional del sufragio, porque una asamblea capitaneada por “patriarcas políticos” impidió a 4,100 mujeres acudir a las urnas o postularse para gobernar.

Los varones coyotepenses concedieron tres años atrás dejar a un lado el sistema de usos y costumbres que considera a las mujeres “inferiores e incapaces” para abrir paso a tres regidoras electas en Asamblea Comunitaria. Pero esto también dio paso a los rencores radicales.

Los inconformes regresaron a las asambleas de 2013 para argumentar que las féminas no tienen la fuerza física para cumplir con las encomiendas que requieren los cargos de elección popular y no hay ley que los haga cambiar de opinión. Así volvieron a imponerse.

El edil de la localidad, Horacio Sosa –hermano del diputado por el Partido del Trabajo y ex dirigente de la extinta Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca— dijo desconcertado: “Es un retroceso”.

El municipio intentaba salir del sistema machista que todavía predomina en 90 municipios oaxaqueños, donde se impide la participación política a las mujeres frente a una tibia intervención gubernamental.

En 2007, Eufrosina Cruz –hoy diputada federal—fue la primera rebelde que denunció ante autoridades electorales la marginación de su candidatura a la alcaldía de Santa María Quiegolani, donde llegaron al extremo de romper las boletas con su nombre. “Aquí las mujeres no existen”, gritó en la plaza Saúl Cruz, entonces presidente municipal.

Eufrosina se quejó, demandó, dio conferencias de prensa y logró finalmente el reconocimiento de los derechos políticos en su comunidad enclavada en la Sierra Sur donde ella puso la primera piedra.