Reviven un contencioso

Honduras y El Salvador retoman una disputa histórica por la isla Conejo
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Reviven un contencioso
El presidente de El Salvador, Mauiricio Funes.
Foto: AP

TEGUCIGALPA, Honduras (EFE).— Los presidentes de Honduras, Porfirio Lobo, y de El Salvador, Mauricio Funes, han revivido en las últimas semanas un contencioso limítrofe por un islote en el Golfo de Fonseca, región en el Pacífico que ambas naciones comparten con Nicaragua.

Lobo acusa a Funes de haber “levantado” el tema, que se ha calentado durante las dos últimas semanas tras declaraciones asociadas a aviones de guerra desde San Salvador al más alto nivel, por la defensa de la pequeña isla, en la que Honduras ejerce soberanía.

Según la prensa de Tegucigalpa, el ministro de Defensa de El Salvador, David Munguía, dijo la semana pasada que la presencia de militares hondureños en el islote Conejo representa una “amenaza” que su país no puede disuadir por que Honduras tiene mayor equipo bélico, refiriéndose a su poderío aéreo.

“Siempre es una aspiración de nosotros tener buenos equipos y tener buen armamento porque no es cierto que no tenemos amenazas a la seguridad territorial. Ahí tenemos el ejemplo de la isla Conejo, en el golfo de Fonseca, siempre será una amenaza”, expresó Munguía.

Lobo sugirió el pasado viernes, en declaraciones a la radio HRN en Tegucigalpa, que El Salvador quizá quiera “justificar” la compra de aviones de combate al reclamar como suya la isla Conejo.

El gobernante hondureño también cree que el reclamo salvadoreño puede obedecer a que en el vecino país están en un proceso electoral, o a que quieren “comprar equipo y justificar” ante el poder legislativo para que autorice la adquisición de los aviones, que El Salvador estaría negociando con Chile.

Honduras y El Salvador tienen muchas cosas en común, comenzando por sus pueblos, que son los más afines y con nexos familiares en la región centroamericana, pese a las viejas diferencias por asuntos limítrofes y migratorios que en 1969 desembocaron en una guerra de 100 horas que distanció a los dos países durante 11 años.

Las dos naciones centroamericanas también tienen en común la pobreza que afecta a la mayoría de sus habitantes, la existencia de pandillas armadas conocidas como “maras”, altos índices de violencia criminal y una relación comercial y económica bastante dinámica, entre otras cosas.

Pero pese a su cercanía geográfica y los adelantos tecnológicos de las comunicaciones, los presidentes de ambos países no son capaces de comunicarse, o quizá no quieren hacerlo, para tratar un tema que sigue siendo motivo de preocupación entre los pobladores de uno y otro lado que viven en las costas del golfo de Fonseca.

Lobo y Funes tienen en común, además, que están próximos a concluir su mandato de Gobierno, el primero el 27 de enero de 2014, mientras que el segundo el 1 junio del mismo año.

Ambos políticos, como gobernantes, no han llenado las expectativas de la mayoría de sus pueblos, entre los que hay muchas personas que subsisten con menos de un dólar diario, según sondeos de opinión difundidos en Tegucigalpa y San Salvador, aunque Funes sale mejor evaluado que Lobo.

Sobre el islote Conejo, ambos gobernantes, lo mismo que otros altos funcionarios de los dos países, se refieren al mismo a través de los medios de comunicación.

Los mensajes van y vienen, mientras la demarcación fronteriza en el Golfo de Fonseca sigue siendo una asignatura pendiente, pese a las exigencias de Honduras, donde no olvidan que El Salvador demoró el proceso de demarcación de la línea limítrofe terrestre, alegando en muchos casos falta de presupuesto.

En el golfo de Fonseca cada país alega que Conejo forma parte de su territorio, aunque esa parcela nunca estuvo en disputa en el juicio que se ventiló en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), cuya sentencia del 11 de septiembre de 1992 definió los límites terrestres y marítimos de los dos países.

Tampoco estuvo en disputa durante la revisión a la sentencia de 1992 del alto tribunal, que El Salvador exigió en 2002.

Honduras acusa a El Salvador de no cumplir la sentencia de la CIJ y hace dos años solicitó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que interceda para que su vecino la acate.

El ministro de Defensa salvadoreño ha dicho que de ejercer soberanía en el islote, la misma se extendería tres kilómetros alrededor de Conejo, lo que de hecho le cerraría a Honduras su salida al Pacífico, otro tema que también ha calentado las aguas del golfo en varias ocasiones.

Honduras ha denunciado en el pasado reciente pretensiones de Nicaragua y El Salvador de impedirle a sus embarcaciones salir a mar abierto en el Pacífico.

En una ocasión el ex jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras, Romeo Vásquez, advirtió que si le impedían la salida a una patrullera naval que se dirigía a Panamá para participar en un ejercicio militar, los aviones caza F-5 estaban “listos” para abrir el paso.

Lobo y su canciller, Mireya Agüero, han reiterado que Honduras “no tiene nada que negociar” sobre el islote Conejo porque eso es “cosa juzgada” y “nunca estuvo en disputa”.

En ese cruce de mensajes entre Lobo y Funes a través de los medios de comunicación se rescata que ambos digan que no hay “tambores de guerra” por el islote Conejo.

“Nosotros no estamos en ningún plan de guerra, nosotros no hemos levantado el tema, lo que sí yo digo [es que], isla Conejo es de Honduras”, recalcó Lobo el viernes.

Funes había dicho el pasado día 23 que “nadie está hablando de tambores de guerra, nadie está hablando de iniciar un nuevo conflicto, no es ni el espíritu del Gobierno de Honduras ni mucho menos el espíritu del Gobierno de El Salvador”.

Los contenciosos limítrofes entre Honduras y El Salvador, Guatemala y Belice, o Costa Rica y Nicaragua, y la falta de voluntad política para solucionarlos, siguen siendo factores que afectan al Sistema de la Integración Centroamericana, según analistas de la región.