Familia industriosa

Hispanos promueven la unidad familiar a través de sus productos lácteos

De izquierda a derecha, Raúl, Alín, Gloria y Corin Andrade en su fábrica de Los Altos, localizada en City of Industry, al sureste de Los Ángeles.
De izquierda a derecha, Raúl, Alín, Gloria y Corin Andrade en su fábrica de Los Altos, localizada en City of Industry, al sureste de Los Ángeles.
Foto: EFE

LOS ÁNGELES, (EFEUSA).— La familia Andrade vino en 1980 para fabricar queso en Estados Unidos, luego de que no le permitieran seguir exportándolo desde México, y, tras un difícil inicio y mucho esfuerzo, hoy son los dueños de la tercera fábrica de quesos tipo mexicano más grande en el oeste del país y parte de su mensaje es la importancia de la unión familiar.

“Llegamos a los Estados Unidos en 1980. Yo tenía un negocio de hacer queso Cotija en Chiapas (México) y lo exportaba a los Estados Unidos, pero un buen día el Gobierno americano dijo que ya no podía seguir exportando”, contó el padre, Raúl Andrade.

Ante la imposibilidad de continuar trayendo el queso desde México, Andrade decidió “comenzar a fabricarlo aquí en California.”

El inicio no fue nada fácil, recuerda su hija Corín, en ese tiempo una niña, y actualmente la directora financiera de la empresa. “Vivíamos en una pequeña camioneta tipo RV, que estacionábamos en el parqueadero de la fábrica”, detalló.

Esa primera fábrica, “que luego cerró por problemas con los socios”, originó que se abriera en 1988 la actual, Los Altos, localizada también en City of Industry, al sureste de Los Ángeles.

Al principio, Raúl Andrade y su esposa Gloria, que ya cumplieron 43 años de casados, eran los únicos empleados de administración de la fábrica y sus hijas participaban frecuentemente en las labores de empaque.

“Ellas regresaban de la escuela y con frecuencia ayudaban a poner etiquetas y hasta a empacar el queso”, contó la madre. Cuando ya las dos hijas estaban en la universidad, trabajaron de tiempo parcial en la empresa, “aprendiendo el negocio desde abajo.”

El trabajo conjunto y las diferencias de costumbres del medio, ayudaron al fortalecimiento de la unidad familiar entre los padres y sus dos únicas hijas.

“Desde que llegamos a California, la forma de vida de los jóvenes era diferente de la que traíamos nosotros. Gracias Dios, a nosotros nos gustaba siempre comer juntos”, destacó Gloria Andrade.

Así se continuó una tradición que ahora forma parte del mensaje comercial de los productos de Los Altos, al destacar que la unidad familiar se fortalece alrededor de la mesa y que ha sido reflejado en su lema, “Sabor que une.”

“La tradición y la obligación que teníamos era comer juntos. No desayunar o no almorzar juntos estaba bien, pero la cena siempre tratábamos de hacerla los cuatro juntos”, explicó la madre de Corín y de Alín, la menor de las hijas, que ahora es ingeniera y dirige la producción de la fábrica.

Y esa idea de unión familiar también se proyecta hacia los empleados de la empresa “que pasan más tiempo en la fábrica que en cualquier otra parte”, según anotó Corín.

Por ello, no es raro encontrar en los pasillos de las instalaciones empleados que llevan 20 o más años trabajando para los Andrade y que recuerdan cuando sus hijas eran niñas.

Uno de ellos es Frank Castellanos, que trabaja ahora en ventas, y quien comentó que cuando conoció a Corín Andrade, “ella tenía quizás un poco más de once años.”

La visión comercial de Andrade y su experiencia en México en diseño industrial -previa a su inicio en la manufactura de productos lácteos- ha llevado a que desde hace 15 meses la fábrica Los Altos funcione en una nueva sede, diseñada específicamente para las necesidades de la empresa

Esta nueva planta, que alberga cerca de 250 empleados no sólo de la fábrica sino de otras tres empresas de distribución, construcción y transporte, cuenta con la más moderna tecnología para el proceso.

El frigorífico para almacenar el producto terminado, por ejemplo, fue construido con un sistema que permite desmontarlo y trasladarlo a otro lugar en caso necesario.

El techo de los estacionamientos de vehículos, está cubierto con paneles solares para el ahorro de energía, en un proyecto que fue complementado con la instalación de 56 variadores de frecuencia en bombas y motores de la fábrica.

Este proyecto de ahorro de energía, que le representa a Los Altos un ahorro proyectado de 18.000 dólares al año, le valió un reconocimiento con el premio Participación en Eficiencia de Energía 2013 entregado por parte de Southern California Edison.

Pero el programa no se queda allí, cometan, pues la siguiente etapa es cubrir con paneles solares todo el techo del edificio, lo que significa una gran inversión pero que para los Andrade es justificada.

“El proyecto es muy grande, representa una inversión muy alta y estamos tratando de buscar la forma más adecuada para financiarlo”, anotó el empresario.

“Sabiendo que la energía fósil se acaba debemos trabajar con la energía que tenemos disponible todo el tiempo”, concluyó. EFE

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