Un partido dividido

Inmigración

Una vez más los congresistas republicanos están en una difícil encrucijada ante los esfuerzos del Presidente Obama, del Senado y hasta de un grupo de organizaciones conservadores que piden una verdadera reforma migratoria.

Hasta ahora la mayoría republicana en la Cámara de Representantes estaba renuente a adoptar una reforma migratoria que cumpla con las necesidades de los 12 millones de indocumentados que viven en el país.

Para estos republicanos conservadores la idea de legalizar a 12 millones de indocumentados equivale a una amnistía. Y los representantes conservadores están negados a adoptar una amnistía.

En los últimos días, las fuerzas que mueven a los conservadores en la Cámara de Representantes, han decidido que la reforma migratoria es necesaria y positiva para el país.

Eso fue lo que motivó a que más de 600 funcionarios y activistas políticos conservadores viajaran a Washington, D.C. a cabildear a los congresistas opuestos a una nueva ley de inmigración.

Sin duda que esto pone entre la espada y la pared a muchos congresistas republicanos que entienden que esta vez los que piden un voto favorable a la reforma no son ni demócratas, ni liberales, ni miembros del Senado.

Esta vez los que piden la aprobación de una reforma migratoria significativa, son los mismos conservadores.

Josh Breisblatt, un miembro del National Immigration Forum es el que dirige los esfuerzos. El quiere que miembros del grupo que los acompañaron al Capitolio vean a representantes republicanos en 120 distritos en 40 estados de la nación.

Ellos quieren que estos congresistas republicanos consideren una ley de inmigración que sea similar a la ya aprobada por el Senado.

La cosa no va a ser fácil.

En su contra pesan factores difíciles de obviar. Entre ellos están:

Los representantes a la Cámara son electos en distritos muy homogéneos que sólo son modificados cada 10 años por las legislaturas estatales. Estos distritos favorecen al que ya ocupa el cargo ya sea demócrata o republicano. Es difícil presionar a representantes que están casi seguros de que no serán derrotados en las próximas elecciones.

Muchos republicanos creen que los indocumentados — una mayoría de ellos hispanos – tienen simpatía por el Partido Demócrata. Por eso se preguntan si vale la pena darle paso a la ciudadanía a personas que al poder votar lo van a hacer por candidatos demócratas.

Los dos congresistas republicanos de origen cubanoamericano del sur de la Florida siempre han estado a favor de una reforma a la ley de inmigración a pesar que los cubanos tienen preferencias migratorias que les facilitan entrar al país, hacerse residente legal al año y un día y ciudadanos tres o cuatro años después.

El también senador cubanoamericano de la Florida, Marco Rubio fue uno de los patrocinadores del actual proyecto de ley aprobado por el Senado.

Sin embargo, Rubio ahora ha cambiado de opinión. Los miembros del llamado Tea Party (Partido del Té) que representan el ala más conservadora entre los republicanos está en contra de cualquier reforma y tiene como vocero en este tema al también senador cubanoamericano, Ted Cruz, de Texas.

Cruz, quien no tiene pelos en la lengua, ha fustigado a los congresistas republicanos y les ha pedido que se opongan a la ley de inmigración.

Por último, los republicanos no quieren facilitarle una victoria al Presidente Barack Obama. En la reciente batalla entre republicanos y demócratas que ocasionó un cierre del gobierno parcial, los demócratas le propinaron una derrota espectacular a los republicanos.

En estos momentos el Partido Republicano goza de su peor imagen pública en décadas. La reforma migratoria sería una forma ideal para subsanar los problemas del partido ante los votantes de la nación. Pero hace muy poco que los republicanos perdieron la batalla contra el presidente y los demócratas, y no están dispuestos a brindarle otra victoria en bandeja de plata.

Oponerse a la idea de una reforma migratoria, volvería a perjudicar al partido. Sin embargo, mientras el ala conservadora del partido sea la que decida la política del partido, va a ser muy difícil que aprueben una nueva ley de inmigración.

Si el Senador Rubio, uno de los que patrocinó y negoció el proyecto de ley aprobado por el Senado ha tenido que dar marcha atrás, los republicanos conservadores de la Cámara de Representantes no tienen muchos incentivos para aprobar la nueva ley de inmigración. Al revés; hacerlo los perjudicaría.