El incidente en LAX

El trágico incidente ocurrido recientemente en el aeropuerto de Los Ángeles pone otra vez sobre el tapete la vulnerabilidad del individuo ante la presencia de un pistolero con fines asesinos en un sitio público.

Cuando pasan estos tipos de hechos —demasiado comunes en nuestra sociedad— se suele sugerir que la solución es tener más gente armada ya sea en una escuela, en un cine o en el aeropuerto. Precisamente esa es la recomendación de la Federación Americana de Empleados Gubernamentales. Ellos sugieren establecer una nueva categoría de empleados de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) para que pueda portar armas.

Es cierto que se necesita personal armado en un aeropuerto — este es un lugar que ha sido escenario de atentados y masacres en el pasado alrededor del mundo. Pero ese es un tema de la policía de aeropuertos. Ellos son los que deben de corregir el que Paul A. Ciancia supuestamente no se haya encontrado con personal armado en la terminal tres.

Los cerca de 45,000 empleados de TSA tienen una misión importante en revisar equipaje y pasajeros; una labor que no es bien recibida por los ciento de miles de pasajeros que los ven como una inconveniencia. Por eso estos empleados federales están entre los más odiados entre sus pares.

Por otra parte, la presencia de un policía de aeropuertos en el sitio del incidente quizás hubiera evitado el asesinato del agente Gerardo I. Hernández de TSA, aunque el problema de la seguridad pública es muy serio en una sociedad en que la venta y posesión de armas es tan diseminada.

La realidad es que es imposible evitar la agresión de un individuo armado en un sitio público.Prácticamente todos los días hay algún incidente de este tipo en nuestro país, y seguirá habiéndolo en la medida que no se equilibre la seguridad de la sociedad con el derecho del individuo a comprar y portar armas.