Mónologo neoliberal

México

Uno no deja de recibir sorpresas con los neoliberales que se hicieron del poder en México, desde donde arruinaron a la economía, a la sociedad, perturbaron el orden político, pero eso sí, mejoraron muchísimo su posición personal.

No en balde Ángel Gurría Ordoñez, que hoy arruina al mundo desde la OCDE, fue apodado el Ángel de la Dependencia.

Hace unos días me encontré con uno de ellos y me reservaré su nombre. Él fue un alto funcionario de la administración de Carlos Salinas, justo en el área que dejó al país colgado de alfileres, dejaron una vulnerabilidad financiera que nos aventó al desastre cuándo su compañero Ernesto Zedillo no pudo corregir las deficiencias estructurales que nos lanzaron a una crisis de la que no terminamos de salir.

En solamente nueve meses del gobierno de Enrique Peña Nieto lograron derrumbar las expectativas de crecimiento económico y nos llevan directo a la recesión. Regresan a terminar lo que iniciaron.

Le pregunté si vinieron a darle en la torre al país y cínicamente respondió que la culpa es de “mis amigos” panistas, que en efecto no pudieron corregir el desperfecto porque el manejo financiero del país quedó en las manos del grupo de rufianes que nos hundieron.

Por cierto en las entrañas del aparato financiero se habla de las legendarias corrupciones de estas administraciones.

En un movimiento audaz me dice: De acuerdo, hicimos mal las cosas, ¿qué hacemos?

Váyanse a la casa y dejen que llegue gente con ideas nuevas. Pero habrán vuelto para entregarle a sus amigos los restos del naufragio.

Me insiste en que le diga qué hay que hacer y le respondo que yo no trabajo para el gobierno, que si me paga como lo hacen con sus asesores extranjeros le digo lo que se debería de hacer.

Para cerrar el tema le digo que yo no trabajo gratis igual que él no lo hace y me sorprende: Si lo hago, en Estados Unidos ganaría mas; o sea que ganar formalmente menos para el neoliberal es no ganar; que yo sepa la sociedad mexicana no le rogó que por favor se devolviera y dejara su empleo muy bien pagado, el que ganó gracias a la intervención del gobierno mexicano.

El vino a cabildear y cobrar la lealtad de grupo.

Cuándo abordé el tema del saqueo al que sometieron al país, elevó la voz para reclamar por el argumento de que le regalaron TELEMX a Slim, aunque se evadió muy bien de abordar el tema de los bancos y empresas que se llevaron los protegidos del régimen.

Insisto en que se robaron todo y de nuevo su audacia lo lleva a no aceptar el robo y me dice, ¿qué hacemos? Mi respuesta no puede ser más simple: Váyanse a la cárcel.

“Dime qué país lo hace bien para copiarle”. Cualquier país de América Latina lo hace mejor que México, somos el más desigual y tal vez el que menos crece.

Pero lo que se desprende de estos tecnócratas educados en buenas universidades estadounidenses (¿becados por quién?), es que carecen de imaginación para estudiar al país y crearle opciones.

Son máquinas poco imaginativas que no tienen la posibilidad de estudiar un país que desconocen, que no quieren conocer fuera de los espacios de la élite del poder y por eso buscan un modelo para copiar.

Ante mis críticas, me reclamó que nuestra desviación (no sé de quién más aparte de la mía) es que leemos los periódicos de Estados Unidos.

Extraño que desarrollen un discurso gringofóbico los que se fueron corriendo a Estados Unidos para ganar cinco veces más de lo que hacen formalmente en el país.

Finalmente le digo que Krugman, que “no es mi amigo” y que casualmente es premio nobel de economía, dice que todo lo que hacen está mal, pero entonces cambia el tema.

Lo interesante del episodio es que nunca se estableció un diálogo, solamente él quería hablar, yo podía introducir preguntas pero no argumentar; afloró el estilo autoritario, sólo escucha su voz y la sube para no perder el monólogo. Son consistentes, no oyen al país y lo poco que se les cuela no lo escuchan.

No son gente de partido, no conocen al pueblo, su mundo es de la elite, su única lealtad es exclusivamente para con el poder y lo que este les retribuya en lo personal.

Mi opción fue darle una palmada en la espalda y decirle que su monologo me da mucha flojera, me aleje rumiando el coraje por el agravio del daño extremo que le han hecho al país, más lo que está por venir.

El diálogo de sordos no da para más y todo parece que tendrán la oportunidad de llevarse lo que dejaron y destruir lo que se les escapó.