Ted Cruz se aviene

Los electores republicanos están comprendiendo que los han engatusado para apoyar candidatos que no son la solución para el problema

POLÍTICA

El Senado de Estados Unidos es en parte alta sociedad y en parte escuela secundaria. Los senadores se mueven en camarillas. Se visten y hablan de manera similar. Intimidan a los inconformistas. Los que son criticados se cansan de comer solos en la cafetería y ceden, cambian su estilo y se avienen para llevarse mejor.

Por eso vemos ahora a un Ted Cruz más bondadoso y gentil. El boletín de primer año de este senador de Texas, posible candidato republicano para 2016, lleva claramente la inscripción: “No juega bien con los demás.” Ahora, el agitador parece estar suavizando su enfoque.

Cruz apareció en el programa de Univisión titulado Al Punto con Jorge Ramos, en un débil intento por conectarse con los electores latinos que ven noticias en español.

Qué pérdida de tiempo. Hablamos de una cadena que no se molesta en camuflar su sesgo liberal y que, a menudo, se comporta como si fuera el brazo latinoamericano del Comité Demócrata Nacional.

Cuando Ramos preguntó a Cruz por qué se opone a la reforma migratoria integral, el senador insistió en que, de hecho, la apoyaba. Una buena pregunta subsiguiente hubiera sido cómo definía Cruz “reforma migratoria integral”.

Cuando entrevisté a Cruz en enero, me dio esta respuesta:

“Número uno, debemos ponernos serios con la seguridad de la frontera, para detener la inmigración ilegal, particularmente en un mundo posterior a 11/9. No tiene sentido que no sepamos quién entra al país y que no sepamos su historia y sus orígenes. Pero Número dos, también debemos seguir siendo una nación que no sólo acoge sino que celebra a los inmigrantes legales que vienen con la intención de cumplir el Sueño Americano.”

Así pues, para Cruz, la reforma migratoria integral significa asegurar las fronteras y alentar la inmigración legal. Para la mayoría de los estadounidenses, también significa encarar la cuestión de los 11 millones de inmigrantes ilegales que ya están en Estados Unidos.

Mientras tanto, el Cruz más bondadoso y gentil se está tomando un respiro de antagonizar a sus colegas republicanos en el Senado —hasta los que se merecen ser cuestionados—. Se ha avenido a permanecer neutral en los combates de las primarias, el año próximo, y a no recaudar dinero para el Fondo de Conservadores del Senado, un grupo externo que está presionando a algunos de los mismos legisladores del Partido Republicano que han presionado a Cruz para que entre en vereda. El objetivo del grupo es vencer a senadores en ejercicio del Partido Republicano, financiando las primarias de sus adversarios. El mayor blanco es el líder de la minoría en el Senado, Mitch McConnell, quien enfrenta un adversario apoyado por el tea-party, en Kentucky.

Según Politico, Cruz anunció la noticia a sus colegas en un almuerzo de los republicanos del Senado a puertas cerradas. Eso fue un error. Los senadores temen tanto tener que rendir cuentas que hacen todo lo necesario para evitar enfrentar un adversario en las primarias. ¿Cómo resultaría eso en su trabajo, lector? ¿Podría decirle usted a su jefe que ya no quiere que lo evalúen, ni competir con sus colegas por promociones y aumentos? Es otro ejemplo de cómo los miembros del Congreso no conectan con el estadounidense promedio. Los electores republicanos finalmente están comprendiendo —gracias a la manera en que el establishment del Partido Republicano cedió ante Obamacare— que los han engatusado para apoyar candidatos republicanos que no son la solución para el problema.

Cruz parece una excepción a la regla, alguien guiado por su integridad y sus principios. Se ha convertido en una estrella para una importante porción de la base del Partido Republicano: recientemente salió primero en una encuesta informal de Values Voter Summit, como posible candidato presidencial para 2016, con el 42% del voto. El segundo lugar lo ocuparon el exsenador Rick Santorum y el activista conservador y cirujano, Ben Carson, ambos con el 13%.

Cruz parece ser tan amado por los conservadores fieles del corazón del país, como es odiado por el establishment republicano de Washington. Si es cierto, Cruz lleva las de ganar. Cuando los miembros del Congreso están enclaustrados dentro de los confines de la capital, es fácil olvidarse de un pequeño detalle como el de los electores que los colocaron allí. Pero las elecciones se ganan en el mundo real —es decir, en casa—.

Han sido 10 meses difíciles en su cargo, pero Cruz aún está en pie.

¿No lo creen? ¿Qué tal el hecho de que sus colegas —entre ellos algunos que están en Washington desde que Cruz estaba en la escuela secundaria— aún le tienen mucho miedo? Ésa es prueba suficiente.