Clama por ayuda

Prenden fuego a migrante mientras atravezaba México

Clama por  ayuda
Roberto Sánchez estuvo presente durante la 'Semana del Migrante' en el Senado mexicano.
Foto: La Opinión - Gardenia Mendoza

MÉXICO.— El hondureño Rigoberto Sánchez se echó a llorar en la tribuna del Senado al recordar el momento en que dos delincuentes le prendieron fuego mientras dormía sobre el tren de carga en el que viajaba como polizón a la altura de Gómez Palacio, en el estado de Durango.

“Ahora tengo que andar en silla de ruedas”, dijo previo al colapso.

La legisladora Laida Sansores le dio una palmadita en la espalda. El muchacho de 25 años, padre de tres niños, enjugó sus lágrimas y prosiguió el relato frente al visecósul de su país, defensores de derechos humanos y funcionarios del Instituto Nacional de Migración entre el auditorio.

Los agresores se ensañaron con él. Lo arrojaron al piso con el ferrocarril en marcha y quemaduras de tercer grado. Al azotar, la quemazón paró y se agudizó el ardor.

“Tenía los pellejos colgando cuando por fin entendí lo que había pasado”, recapituló. “Sentía tanto dolor que quería quitar la carne viva de mi cuerpo y la jalaba”.

En medio de la desesperación, comenzó a caminar hasta que encontró un rancho para tomar agua. Ahí, tirado junto al pozo, lo encontró ese mismo día —el 7de julio pasado— el dueño del predio. Él llamó a los paramédicos del Hospital Central de Gómez Palacio para que atendieran al herido.

Los enfermeros inyectaron suero y analgésico al paciente para después trasladarlo a un hospital privado de San Luis Potosí, donde le hicieron 10 cirugías y adquirió una deuda de alrededor de 14 mil dólares que aún no paga aunque firmó un pagaré.

“A veces no tengo dinero ni siquiera para mandar a mis hijos que se quedaron en Honduras”, describió en el legislativo para reclamar la realidad de miles de centroamericanos que son víctimas del crimen en México . “Sólo tengo permiso de residencia humanitaria, pero no para trabajar”.

A su esposa, que actualmente lo cuida en un albergue de caridad civil, le negaron la visa y hoy es otra indocumentada que busca justicia para su marido lejos de sus niños de uno, tres y cinco años de edad.

” Vengo aquí para pedirles dinero, no estoy avergonzado, ¿cómo voy a trabajar con lo que me pasó?”, dijo.

La Ley de Víctimas contempla desde 2011 la compensación del daño para los agredidos en el país, pero la legislación es inoperante para los migrantes porque ni siquiera llegan a los tribunales y cuando llegan no obtienen justicia.

“Todos los días avientan del tren a los migrantes y no sabemos qué pasa con ellos: se los come la carroña del campo”, advirtió Martha Sánchez, presente en el evento donde el hondureño Sánchez clamó por ayuda. “Las autoridades deben limpiar de maleantes la ruta migratoria, pero cada vez que lo pedimos, el Instituto Nacional de Migración”.

Pero más allá de la protección, Karina Arias, del Grupo civil de Trabajo sobre Política Migratoria, puso el dedo en la llaga sobre una vieja deuda regional: “entre México y Centroamérica debe haber un acuerdo de supresión de visas para evitar más desgracias”.

El infortunio de Rigoberto Sánchez llegó al Senado por una organización no gubernamental que lo tomó como muestra de la vulnerabilidad del indocumentado en México. Las autoridades presentes se comprometieron a ayudarlo. Será uno entre mil.