Ayuno por la reforma

Ayuno por la reforma
Foto: Archivo

Inmigración

La historia de Lucy Tzunun’s revela mucho acerca de su fe. Desde su viaje de Guatemala a Queens, cuando tenía 30 años de edad hasta la deportación de su hermano en el 2012, su fe ha sido su sostén.

El día de hoy, la fe le hace un llamado a Lucy para que realice algo que ella espera abrirá los corazones del Congreso que les ha dado la espalda a ella y a su familia. Bajo la sombra del Capitolio de los EEUU ella orará, ayunará, y comenzará a consumirse.

Ella no estará sola; nosotros estaremos junto a ella. Comenzando el día de hoy, estaremos en oración y nos abstendremos de comer junto con Lucy y líderes religiosos y cívicos quienes comparten nuestro compromiso de defender la dignidad humana, básica de las familias inmigrantes y de los trabajadores en nuestras comunidades.

Esta acción, “Ayuno por las Familias: Un Llamado para una Reforma Migratoria y Ciudadanía”, pondrá la fe de aquellos aspirantes a estadounidenses como el hermano de Lucy, Gerardo, en el centro de nuestras oraciones mientras buscamos despertar las conciencias de los miembros del Congreso. Un mormón devoto que había completado dos años de trabajo misionero, Gerardo, fue detenido mientras viajaba en un tren rumbo a Utah.

Su historia difícilmente es única. Todos los días, más de 1,100 nuevos estadounidenses —incluyendo esposos y esposas, padres y niños— son removidos a la fuerza del país. Ayunaremos para cambiar los corazones de los legisladores quienes se rehúsan a escuchar el llanto de estas familias.

El ayuno es un compromiso sagrado inspirado por los profetas que nos acerca más a Dios y demuestra la resolución moral de nuestro movimiento. El mejor ejemplo de esto es Jesucristo, así como líderes emblemáticos de la historia reciente como Mahatma Gandhi, el Rev. Martin Luther King Jr. y César Chávez quienes se privaron a sí mismos de alimento para demostrar solidaridad con los oprimidos y hacer un llamado a la sociedad para enmendar la injusticia.

Procuramos seguir su ejemplo. Renunciaremos a cualquier alimento o líquido que no sea agua, y con el paso del tiempo, daremos fe de que este sacrificio fortalece el alma mientras se quebranta el cuerpo. Al desaparecer los sonidos de nuestro estómago y las primeras etapas de malnutrición afecten nuestros cuerpos, Dios nos sostendrá. ¿Podrá el presidente de la Cámara, John Boehner, ignorarnos mientras sufrimos frente a la legislatura que él preside?

Todo aquel que sigue el debate migratorio sabe lo que nosotros sabemos: una reforma con sentido común está cerca de convertirse en ley. Sesenta y ocho senadores estadounidenses votaron por un proyecto de ley bipartidista que incluye un camino ganado hacia la ciudadanía para los aspirantes a ciudadanos. Una legislación similar en la Cámara de Representantes de los EEUU conocida como H.R. 15, ha atraído a varios copatrocinadores republicanos, y muchos más han expresado su apoyo tras puertas cerradas. Si el presidente Boehner permite un voto, la reforma migratoria será aprobada. Él sabe que esto es verdad.

Lo único que se interpone en el camino es el miedo, que puede ser conquistado por la fe. Si bien los expertos especulan acerca de la debilidad política de Boehner, la verdad es que él tiene una oportunidad histórica de blandir el mazo del presidente de la Cámara Baja como un instrumento de justicia. Creemos que nuestro testimonio moral acerca del sufrimiento de las familias inmigrantes lo llevará a hacer lo que es correcto para nuestra nación. Líderes de la fe católica, fe que profesa Boehner, insisten al igual que nosotros que él y otros líderes del Congreso tienen la responsabilidad moral de actuar ahora.

Aprobar una reforma migratoria es políticamente inteligente, así como moralmente correcto. Cuando el Presidente Lyndon Johnson firmó el Acta de Derechos Civiles de 1964, según los informes, reportó que su partido “había perdido el Sur por una generación”. Boehner como presidente de la Cámara enfrenta la situación opuesta. Al permitir que un proyecto de ley sea aprobado, permitirá la sobrevivencia de su partido para generaciones futuras en estados tanto republicanos como demócratas por igual. Si los republicanos fallan en actuar, sellarán su destino en las elecciones del 2014 y 2016 así como en cada elección nacional que sigan de éstas.

Ninguna excusa política justifica el sufrimiento de Lucy y de Gerardo, o de los millones como ellos de costa a costa. La privación a la que nos sometemos nosotros mismos al ayunar palidece en comparación con el dolor que sufren los inmigrantes, quienes miran de manera impotente mientras su Gobierno destruye a sus familias. Por mucho tiempo, los miembros del Congreso han permitido este sufrimiento para protegerse ellos mismos de riesgos políticos. Su inacción es tan tonta como cruel. El Señor, nuestro Dios, escucha nuestras plegarias por una reforma, por Lucy y por Gerardo. Lo mismo debe hacer el Congreso.

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