Panacea para el espíritu

Cultura

Todo el que viva en una comunidad con una gran población latina conoce una botánica local.

Es en parte reemplazante del consultorio médico, en parte tienda de productos místicos —lo que The New York Times llamó una vez “un verdadero Home Depot de espiritualidad”.

La botánica es el lugar donde los hispanos tradicionales van, cuando necesitan el tipo de ayuda que un médico no puede brindarles. O cuando no pueden pagar la visita.

Yo suelo aparecer en la tienda de mi barrio poco después de la primera nevada, justo cuando el invierno anuncia su severa gloria. Busco una vela agradable y relajante, o algo por el estilo. Invariablemente, pierdo la noción del tiempo, mientras examino detenidamente todos los dijes mágicos, hasta que me echan a la hora del cierre con las manos vacías.

Hace varios años, salí de una botánica en el sector sur de Chicago con una misteriosa planta que se suponía que simbolizaba mi espíritu y actuaba con un efecto depurador sobre mi abarrotada vida.

“Cuídela bien”, dijo la curandera.”Debe cultivarla”.

No es de sorprender que yo procediera a ignorarla.

Mi esposo, que este año se propuso revivir la planta descuidada por tanto tiempo, me recordó su historia mística una vez que vio que sus esfuerzos daban frutos.

Entonces, la semana pasada, una flor blanca surgió de la masa de resucitadas hojas verdes y se abrió lentamente como un ángel extendiendo sus alas.

Por casualidad, la primera nevada acababa de caer, por lo que naturalmente me dirigí a mi botánica local para que evaluaran expertamente mi planta.

Pero, primero, un poco de color.

Una caja de cristal llena de coloridas estampas de santos, naipes de España para adivinación y una gran selección de piedras sagradas captaron mi atención. Encima, había un galón de ajo macho, que se supone lo protege a uno contra los malos espíritus, neutralizando el mal de ojo y/o rechazando la envidia de los demás.

Los malos espíritus son un tema popular entre los numerosos aceites, jabones, velas, sachets de hierbas y rociadores, que uno encuentra en una botánica. Hallé polvos para bendecir el hogar con una variedad de aromas, incienso, “Espíritus Reversibles”, una sustancia polvorienta para librar de maldiciones y un baño de hierbas aromáticas “Arrasabrujerías”.

Para los que necesitan un remedio rápido para el mal de ojo o alguna otra maldición, encontré una lata de aerosol amarillo brillante con la silueta de una gallina, denominada “Gallina Negra”, para rechazar también los nervios y escalofríos.

¿Y qué sería una botánica sin una amplia selección de artículos para atraer la buena suerte?

Mi tienda tenía una vela para “jugadores afortunados”, que debe encenderse antes de una noche en el casino; una vela “Sr. Dinero” y la alegre “Abridora de Caminos”, para cuando se necesita una ayudita a fin de emprender el sendero correcto.

Solo los jabones son una maravilla y no los encontrarás en Costco. Está el “Jabón de San Simón”, para deshacerse de todos los problemas, el de “Santa Clara”, que promete limpiar tu aura o aclarar tu cabeza. También, muchas variedades para lograr que tus compañeros de trabajo te aprecien o que otra persona se enamore de ti.

Hay innumerables pociones, cremas, gelatinas y “mieles” de amor, tanto para hombres como para mujeres —la mayoría demasiado subidas de tono como para describirlas en esta columna— pero el “concentrado glandular bovino supermacho” viene en forma de píldora.

Más que nada, hay infinitas hierbas y flores para hacer té que calman el dolor de estómago, la carraspera, el dolor de cabeza y el resfrío. Ese día también había “veneno de abeja y aceite de víbora” para el dolor muscular y de las coyunturas. Estaba al lado de una crema “supermilagrosa” de uso general, por si acaso.

Resultó que mi flor es una Spathiphyllum, llamada comúnmente “Lirio”, y en inglés: Peace Lilly. La curandera la identificó correctamente. Se supone que armoniza los conflictos y cura lugares, gente y relaciones negativas.

Sin duda, es una planta que debe estar en toda botánica que se respete —y a la que, de ahora en adelante, debería prestar más atención.