Buscan el control

Las autodefensas retan a los narcos en Michoacán

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Buscan el control
Los grupos de autodefensas buscan limpiar de narcos a Michoacán.
Foto: Agencia Reforma

MÉXICO.— Los grupos de autodefensas quieren el control de Michoacán. Al menos hasta que el Gobierno entregue “las siete cabezas” –con vida o sin ella- de los siete principales líderes de las mafias de Caballeros Templarios y Familia Michoacana con todo y pruebas de ADN.

Porque si de simulación se trata, dijo Juan Manuel Mireles, representante de la “policía comunitaria” de Tepalcatepec, el Gobierno se pinta solo. Por ejemplo, hace cuatro años dio por muertos a Nazario “El Chayo” Moreno y a Enrique Plancarte, dos de los capos locales, que todavía atormentan y se pasean como si tal cosa por el estado.

“Pero los vamos a exterminar”, advirtió.

El fin de semana, los grupos de autodefensas tomaron el Palacio Municipal de Tancíntaro con la aprobación del Ejército y la Policía Federal. Y aunque hubo tres muertos y dos heridos (aparentemente de Los Templarios), sumaron a su dominio 19 de los 113 municipios de Michoacán.

Y van por más, según los planes anunciados a través de la red social Facebook, el medio de comunicación preferido por los comunitarios.

Mireles pidió a los habitantes de Los Reyes, “la comunidad que se ha vuelto el depósito de cadáveres de la región” estar atentos para recibir a los grupos de civiles armados que pretenden erradicar la extorsión, el secuestro y la violencia que la propia sociedad permitió “al dejar entrar” hace una década a la Familia Michoacana para defenderla de los Zetas. “No vamos a equivocarnos nuevamente”, lee un mensaje .

Después de Los Reyes, las autodefensas “irán por más”. Queda pendiente el control de la Sierra, donde el clima favorece el cultivo de marihuana y amapola, y gran parte de las inhóspitas playas por donde ingresan los precursores químicos para la fabricación de drogas sintéticas y el tráfico de cocaína.

No obstante, la batalla principal es de largo aliento: la alfabetización de una de las regiones más atrasadas en educación del país, donde para ir a una institución de educación superior se necesitan hasta nueve horas de camino.