Sueños de grandes

Los cuatro hermanos Navarro, un clan boxístico de Maywood

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Sueños  de grandes
Robert, Ángel, Jonathan y David Navarro, miembros de una familia de boxeadores.
Foto: La Opinión - ) (Foto: Aurelia Ventura

ESPECIAL

La crónica colorida y feliz de los padres que dejan a su pequeño en un gimnasio porque quiere ser boxeador, agrega al vecindario de Maywood, en el Este de Los Ángeles, una suma de situaciones distintas y también distantes de lo cotidiano.

Es una historia que cuentan en primera persona Silvia y Salvador Navarro, mexicanos de toda una vida en la ciudad, originarios de La Angostura, Michoacán, quienes multiplican sus sueños por cuatro, ya que a falta de un hijo que se fijó la meta de ser campeón mundial de boxeo, tienen a cuatro.

Su historia de compromiso y dedicación; de fe y motivación a tope, la multiplican de esa manera la familia Navarro.

Ellos deben atender a los cuatro hijos, que de lunes a sábado se dedican con devoción casi religiosa a calzar los guantes y golpear el saco, a pulir movimientos y agregar conocimientos sobre la profesión que quieren tener para su vida mayor: llegar a ser campeones aunque para ello tengan que abrirse paso a las trompadas.

“Todo empezó hace más de diez años, cuando yo practicaba levantamiento de pesas y llevé a mi hijo mayor Jonathan al gimnasio… y allí vio algunos practicando boxeo y me dijo de inmediato: ‘Yo quiero hacer eso’. Me sorprendió, pero lo apoyé. Y así empezamos”, afirma Salvador.

Jonathan tiene 17 años y en su cuerpo esculpido por el rigor del gimnasio asoman los rasgos de un peleador rudo. Ya son visibles los ángulos de un cuerpo trabajado durante más de diez años. Alterna sus estudios con su dedicación al boxeo, habla como un hombre maduro y tiene metas muy precisas. “Lo primero ahora es llegar a los Juegos Olímpicos (Río de Janeiro 2014) y después me hago profesional, como a los 19 o 20 años”, sentencia.

“Yo quiero ser un gran boxeador y llegar a ser campeón”, dice convencido, un joven que ya tiene un largo itinerario y cosecha tres títulos de campeón en Golden Gloves.

A su lado en el entrenamiento se mueven con presteza y motivación sus tres hermanos.

Salvador de 15 años, David de 14, y si no fuera porque para los Navarro, apoyar y desarrollar a sus niños hasta hacerlos hombres, es común, no contaríamos que Robert, de solo ocho años, se calza los guantes y la emprende con feroces combinaciones contra un pesado saco, mucho más grande que él.

Es una deliciosa complicidad familiar en la que por igual Silvia, su madre se involucra en tareas que regularmente cumplen hombres duros del boxeo, pero sin descuidar sus responsabilidades de jefa de casa.

“Lo primero siempre ha sido el estudio”, dice Silvia Navarro. “Ellos llegan de la escuela… cenan, descansan, hacen sus tareas y entonces los traemos a entrenar al gimnasio”.

Carne asada, frijoles, chile de molcajete y tortillas hechas a mano, es la receta invencible.

A todo esto, ya los Navarro visten de boxeadores y dejan su adrenalina en los enormes y duros sacos de práctica.

Así se nutre una relación familiar que está jerarquizada por la mayoría de edad y por la experiencia. Jonathan, el mayor de los cuatro sabe que sus hermanos lo miran y que seguramente se han hecho peleadores porque lo ven ganar a él.

“En la escuela y en el boxeo siempre trato de hacer lo mejor para que mis hermanos sigan mis pasos”, señala.

Ángel, de 15 años, admite que fue viendo a su hermano como se decidió a boxear.

“Quiero ser un boxeador profesional y también quiero ser un abogado”, afirma.

Sin embargo y aunque los hermanos mayores tengan más exposición y experiencia, todo indica que David Navarro será un nombre que se repita mucho en el boxeo.

“Ya no quieren pelear con él”, dice su padre Salvador. “Es demasidado fuerte para su categoría y me dicen que es un león encerrado que come carne cruda”. Como quien dice una fiera. Tanto así como que el 25 de noviembre viaja a Rusia para un intercambio con peleadores de europeos.

David es un seguidor de Manny Pacquiao que admira a Ángel, su hermano, por la manera como mueve la cabeza para quitarse los golpes del rival y quien ya cosecha la admiración del pequeño Robert.

“Mi boxeador favorito es “Canelo” [Álvarez]”, dice Rob, pequeño y conversador a quien le gusta el estilo de David.

“Me gusta cómo se mueve en las peleas”, dice algo que su padre Salvador confirma. “Tiene un gran ritmo. Velocidad y agresividad”, puntualiza.

El viejo paradigma que explica con transpiración (y sin palabras), con compromiso (y sin excusas) y con resultados (y sin pretextos), las historias de lucha y logro. De cómo detrás de cada relato de éxito hay una cuota de sacrificio que se paga en horas, días, meses, años, de privaciones y esfuerzos desmesurados de aquellos que muchas veces te llevan la vida entera.

Así lo viven los Navarro de Maywood con una apuesta de fe en su ley de vida que vale por cuatro: sus cuatro hijos.