Falta planificación a Metro

Para cientos de miles de usuarios, el sistema de transporte público operado por la Metropolitan Transit Authority es una forma segura, económica y confiable de llegar todos los días al trabajo, a la escuela o al mercado.

Pero Metro no ha demostrado ser exactamente un modelo de eficiencia y su más reciente ejemplo de falta de planificación terminará costándole a la agencia —y a los contribuyentes— millones de dólares para arreglar.

Cuando Metro inauguró la Línea Azul, en 1990, instituyó un sistema de pago sin verificación y diseñó estaciones sin vallas o compuertas. El mismo sistema, que exige que el usuario lleve siempre prueba de que ha pagado la tarifa pero que esencialmente depende de su honestidad, se usó igualmente en todas las líneas de trenes construidas desde entonces.

La agencia tardó más de dos décadas en determinar que el sistema promovía la evasión de tarifa, que esto representaba una seria pérdida de ingreso y procedió a instalar rejas y torniquetes a la entrada de sus estaciones. Con ello llegó el sistema de pagar la tarifa y activar los torniquetes con la tarjeta electrónica TAP. Este año Metro comenzó a activar los torniquetes en algunas de sus estaciones subterráneas, pero todavía depende de cientos de agentes del Sheriff para verificar si el usuario usó su TAP.

Pero la gran mayoría de las estaciones de tren ligero no fueron diseñadas para vallas y jamás tendrán torniquetes porque estos quedarían muy cerca de las ferrovías.

Metro admite que no tiene idea de cuánto ha perdido en ingresos por la inevitable evasión de tarifas de los últimos 20 años, pero los costos de resolver este asunto han sido y continuarán siendo cuantiosos. Solamente actualizar tres estaciones de la nueva Línea Expo le costará al sistema 3.1 millones de dólares.

Es un gasto que pudo haberse evitado con un poco de planificación y algo de sentido común.