Universidad y familia

Educación

¿Queremos elevar el número de estudiantes hispanos de bajos ingresos que completan la escuela secundaria y van a la universidad? Encontremos la manera de que los padres participen en el proceso.

Acabo de ver The Graduates, el especial en dos partes de PBS, en inglés y en español, sobre las diversas raíces de la crisis de deserción escolar en la secundaria por parte de los latinos. De todos los asuntos que se examinan, el que parece de más difícil cura es el sentido de responsabilidad de los estudiantes hacia sus familias, que pasan apuros.

Mientras los espectadores siguen a seis estudiantes en el curso de su último año en la escuela secundaria, el cineasta Bernardo Ruiz apunta a la carencia sistémica de recursos de enseñanza para estudiantes desfavorecidos, las bajas expectativas de la sociedad para estudiantes hispanos pobres, las barreras que enfrentan los muchachos sin categoría legal, la violencia de las pandillas y el embarazo en las adolescentes.

Pero es la historia de Chastity Salas —la vemos por primera vez como alumna de segundo año de la Escuela Secundaria Fannie Lou Hamer Freedom en el South Bronx— la que ilustra una barrera casi universal para estudiantes de bajos ingresos, que son la primera generación de su familia en ir a la universidad: dejar atrás a una familia empobrecida a fin de mejorarse a sí mismos.

Chastity vivía en un refugio para desamparados con su madre y tres hermanos menores. Para ella, la escuela era un santuario. Los maestros vieron que era una alumna brillante y la conectaron con un programa administrado por New York Children’s Aid Society.

“Hubo un momento en que ella pensó seriamente en no ir a la universidad, cuando cumplió 18 años, poniendo todas las cuentas bajo su nombre y ocupándose de ellos, realmente asumiendo la responsabilidad total de mantener a su familia”, dijo Emily Task, la coordinadora del Student Success Center, en Children’s Aid Society, que fue entrevistada para este documental. “Ella me dijo: ‘La universidad no mantendrá a mi familia. Es egoísta y estúpido y realmente no vale la pena pensar en ello”.

En mi propia experiencia como maestra y miembro activo de una comunidad con una población grande de estudiantes hispanos que viven en la pobreza, no puedo enfatizar lo suficiente cuán a menudo oigo este razonamiento de estudiantes de bajos ingresos, académicamente sólidos.

“¿Qué le ocurrirá a mi familia si me voy a la universidad?”, es una preocupación constante, especialmente para esos estudiantes de familias grandes y unidas, en que varias generaciones viven juntas bajo el mismo techo. A menudo es la maldición del hijo mayor, que ha adoptado el papel de cuidador de la familia.

“En el penúltimo año, todos hablan de la universidad y ese tipo de cosas, y yo me decía: ‘No quiero oír hablar de eso, porque tengo que concentrarme en otras cosas —mi familia es mi prioridad, mi familia lo es todo—'”, dijo Chastity, recordando cómo se sentía antes de recibir ayuda individual para navegar por el proceso de selección y solicitud de universidad.

El ingreso exitoso de Chastity en la universidad fue inspirador, pero cómo me hubiera gustado que los cineastas se detuvieran más en la manera en que la madre de Chastity —quien, a su vez, abandonó la escuela secundaria durante el penúltimo año— y sus hermanos actuaron en la decisión de Chastity de invertir en ella misma.

Diversas historias de éxito intercaladas en el film subrayan el foco de atención tan necesitado sobre la influencia de la familia en los estudiantes desfavorecidos.

Claudio Sánchez, corresponsal de Educación de NPR, explicó en forma emocionante su deseo de comenzar a trabajar después de la secundaria para mantener a su familia. Sin embargo, sabía que su madre no lo hubiera permitido y Sánchez fue a la universidad.

Lamentablemente, no todos los padres piensan de esa forma.

Cada vez más, los programas que ayudan a que la juventud subrepresentada vaya a la universidad requieren que los padres se comprometan a financiar una mínima porción de los costos universitarios antes de que el estudiante sea aceptado. Sin la promesa previa de la familia de enviar a su hijo a la universidad, un porcentaje alto de estudiantes pasa por todo un programa y después renuncia a becas y oportunidades para quedarse en casa y trabajar.

Los padres, especialmente los que han completado menos de 12 años de escolaridad, no siempre comprenden instintivamente los beneficios a largo plazo de permitir que sus hijos persigan un título universitario —especialmente en una época en que corren tremendas historias sobre la deuda estudiantil y el desempleo para graduados recientes.

Es necesario que se informe a los alumnos sobre las numerosas maneras en que pueden ayudar a sus familias al obtener una educación. Por ejemplo, Nicholas Salas, uno de los hermanos de Chastity, señaló que ella es “muy motivadora. Ella es realmente una cosa que me mantiene en la escuela”.

E igualmente importante: Enseñar a los padres que una inversión tal puede elevar a toda la familia.