Palabras, tan solo palabras

Leímos que el diccionario Oxford de la lengua inglesa ha elegido selfie —la foto de uno mismo que se cuelga en las redes sociales— como palabra del año. Dice mucho sobre el auge de esas redes, pero más sobre nuestro egocentrismo.

La selfie es ya tan universal que hasta el Papa la hace. No tiene traducción directa al español pero seguramente la Real Academia Española la sumará a su diccionario.

No sabemos quién elige la palabra del año en español, pero nos atrevemos a sugerir algunas. Ahí está “reforma”, publicada en exceso este año por los medios de comunicación —incluyendo este periódico— para referirse a dos intentos fallidos: la reforma migratoria integral, detenida en el Congreso, y la sanitaria, cuyo débil lanzamiento tendrá serias consecuencias para quien la bautizó “Obamacare”.

Otra palabra que vimos demasiado en las noticias es el anglicismo bullying que se refiere al abuso constante al que son sometidos algunos niños y adolescentes, ahora con el agravante digital de cyberbullying. Como se vio en el caso de un futbolista de raza mixta de los Dolphins de Miami, que alega el acoso de un colega blanco, esta sociedad no limita el bullying a los menores.

Hablando de deporte, una palabra que vimos mucho es “repechaje”, que según la RAE se origina en El Salvador y se usa en el futbol para nombrar una “última oportunidad que se da a un equipo para que continúe en una competición”. No se la explicaremos a la afición mexicana.

Las noticias de las últimas semanas nos llevaron a emplear el término “tifón” para referirnos a un ciclón que se origina en el Mar de China; a eso acá lo llamamos “huracán”, otro americanismo, heredado de los taínos del Caribe.

Hay, como dicen, palabras que matan, también que consuelan, que ilustran, que lo dicen todo. Una que no se usa tanto como quisiéramos es especialmente útil para hoy: Gracias.