La verdad de Duncan

La verdad de Duncan
Arne Duncan, secretario de Educación,

Política

Cuando hablamos sobre mejorar la educación pública en Estados Unidos ¿debemos mencionar la raza y la etnia? Si somos honestos sobre las bajas expectativas que tienen muchos educadores con respecto a algunos estudiantes ¿cómo podemos evitar el tema?

Algunos estarán incómodos. La intersección del factor de la raza y la educación siempre ha sido un tema delicado. La gente sabe que hace sólo 60 años, muchas de las escuelas públicas de Estados Unidos estaban segregadas racialmente por orden de la ley. Aún así, en un país que es generoso para perdonar, pero que tiene mala memoria, a mucha gente le gusta fingir que todo eso es parte del pasado y que nuestras escuelas públicas son, ahora, un modelo de justicia e igualdad.

No en el mundo real. No, cuando aún se encamina a los estudiantes para que tomen o no tomen los cursos Advanced Placement, sobre la base de factores que, si somos honestos, podrían incluir la raza y la etnia.No, cuando los padres toman por descontado que algunas escuelas son mejores que otras basándose en la composición racial y étnica del cuerpo estudiantil. No, cuando, según me han dicho superintendentes escolares de barrios deprimidos, los residentes se erizan cuando tienen que pagar impuestos para educar a una generación que no se parece casi nada a la generación mayor.

El secretario de Educación, Arne Duncan, no evitó hablar de la raza —y para el caso, del tema igualmente delicado de la clase social— en los comentarios que dirigió ante jefes estatales de educación. Estaba encarando a críticos del programa de estándares nacionales de educación, conocido como Núcleo Básico Común, señalando que entre ellos hay “madres suburbanas blancas”.

Su punto era que muchos críticos del Núcleo Básico Común —y para el caso de otras medidas de la reforma educativa que Duncan ha defendido para aumentar la responsabilidad de los educadores— tienden a echar la culpa de la fiebre al termómetro. Esos esfuerzos han expuesto puntos débiles en escuelas locales, dijo, y la gente no está contenta con lo que ve. Además, Duncan implicó que si la enfermedad se limitara a otra parte de la ciudad es probable que a algunos de estos críticos no les hubiera importado lo suficiente como para armar un lío.

“Para mí es fascinante,” expresó Duncan a los funcionarios estatales, “que parte de la reacción provenga de, como, madres blancas suburbanas quienes —repentinamente— su hijo no es tan brillante como pensaban y su escuela ya no es tan buena como pensaban, y eso es bastante aterrador. Uno apuesta la casa y el lugar donde vive y todo a ‘Mi hijo va a estar preparado.’ Eso puede ser un puñetazo en el estómago”.

Por su franqueza, tanto liberales como conservadores se mueren por dar el puñetazo a Duncan. En la izquierda, Randi Weingarten, presidenta de la Federación Norteamericana de Maestros, mandó un tweet: “Arne —si estás leyendo— deberías retirar eso —falta de sensibilidad— y no está bien— ¡¡a las madres les importan sus hijos”!! En la derecha, el representante Steve Stockman, republicano por Texas, mandó un tweet expresando que Duncan “debería ser despedido por desechar a los críticos del Núcleo Básico Común sólo como madres blancas suburbanas con niños tontos”.

Ambos bandos están presionando para obtener sus objetivos. Los liberales están alterados porque Duncan suena como si estuviera trabajando para el gobierno de Bush, que siempre exigió más de las escuelas y está recibiendo críticas de los sindicatos de maestros y otros grupos de presión. Mientras tanto, los conservadores equiparan el Núcleo Básico Común, y cualquier examen nacional o programa acordado, como parte una forma en que el gobierno federal se hace de más poder y tienen remilgos cuando se invoca la raza o la etnia —a menos, claro, que sean ellos los que las invocan—. Sin embargo, lo que me fascina es que alguien pueda pensar que lo que dijo Duncan sea para nada controvertido. Son todas suposiciones. Muchos padres suponen que sus hijos son brillantes y que todo lo que necesitan hacer es colocarlos en una escuela donde estarán rodeados de otros niños brillantes para estar bien. Los propietarios de viviendas suponen que comprar una casa costosa en un barrio exclusivo significa automáticamente que el distrito escolar es excepcional. Y, finalmente, comunidades enteras suponen que —cuando las cosas van mal, y las escuelas fallan— el daño puede quedar contenido del otro lado de las vías o en el pueblo siguiente. Todas esas suposiciones son incorrectas.

Corriendo el riesgo de ser poco popular, alguien debe decirlo. Duncan lo hizo. Y por haberlo hecho se merece un diez.