Chica estudia y trabaja sin dejar de lado su pasión, el fútbol

Emily Pulido es un ejemplo de tenacidad, entrega y responsabilidad, pues esta chica de 19 años encuentra el equilibrio entre estudiar, trabajar y jugar al fútbol
Chica estudia y trabaja sin dejar de lado su pasión, el fútbol
Emily Pulido (izq.) y Leslie Landeros, jugadoras de futbol de la Liga Carson, dominan el balón en una sesión de fotos.
Foto: Iliana Salguero / La Opinión

Cuando Emily Pulido escucha la palabra fútbol, no hay frases suficientes que puedan describir la forma en que su rostro se transforma, sus ojos se iluminan y automáticamente se dibuja una sonrisa que denota la pasión por este deporte al que llama su vida.

Tiene 19 años, estudia segundo año de Justicia Criminal y trabaja como cajera en un restaurante italiano.

Juega para las Águilas de la Liga Carson y entrena una hora diaria, cinco veces por semana.

Emily intenta definir esta pasión: “es algo que tengo dentro de mí, no lo puedo explicar, pero me encanta”.

Pulido debutó a los 13 años y desde entonces no lo ha dejado ni un solo día.

Para Emily estudiar, trabajar y jugar se vuelve un poco difícil, pero asegura que no es nada que el estar dentro de la cancha no pueda solucionar, “me encanta todo del partido, me quita la tristeza, el cansancio, el estrés, todo”.

De padres mexicanos, Pulido se declara fanática de las Chivas y del Barcelona, su ídolo, Omar Bravo, a quien recuerda veía jugar desde niña.

Acepta que se enfoca principalmente en sus estudios, pues su gran objetivo es retribuir un poco de lo mucho que ha recibido.

“Mi gran sueño es tener una carrera para ayudar a mis padres, porque ellos siempre me han ayudado a mí, para regresarles todo lo que me han dado, ése es mi sueño, quiero devolverles todo el apoyo. Casi nunca les digo lo mucho que los quiero, pero ellos saben que los quiero”, afirma con mucha seguridad .

A pesar de tener claro que sus estudios son su principal objetivo, en los planes de Emily no está el dejar el balompié, y espera poder jugar durante muchos años, ya que asegura que su vida sin futbol sería muy triste, “yo me visualizo jugando fútbol hasta que ya no pueda caminar”, dice entre risas, mientras agrega que “el futbol es mi vida”.

El temor más grande de Emily es lesionarse, pero eso no le impide dejarlo todo durante los 90 minutos del partido.

Hacer un gol es su máxima alegría y de nuevo no le alcanzan las palabras para expresar la felicidad que le provoca anidar un balón en la red.