Los varones también buscan

No solo las madres indagan sobre los centroamericanos desaparecidos al migrar
Los varones también buscan
Cinco varones acompañan la caravana de madres de centroamericanos desparecidos en México
Foto: La Opinión - Gardenia Mendoza

MÉXICO.— Solo son cinco hombres entre los 43 familiares de inmigrantes centroamericanos que buscan a sus hijos en México. Pero son igual de aguerridos, persistentes, sensibles y soñadores que las madres, porque también los quieren, los vieron crecer y luego partir para extraviarse.

“Debe estar así de grande”, dice el salvadoreño Francisco Salguero, de 60 años, con los ojos húmedos de imaginar cuánto habrá crecido el crío de 11 años que dejó partir con un “coyote” que supuestamente lo llevaría a reunirse con la madre que había emigrado a Estados Unidos tiempo atrás.

“No; No quedó tirado en algún desierto a las 4:00 de la madrugada a 200 metros de una calle como dijeron los compañeros de viaje de su hijo a una vecina”, dice. Y como “padre responsable” viene a buscarlo en la Novena Caravana de Madres Centroamericanas que recorren el país desde el 2 de diciembre y hasta el 18.

“Como la madre no está presente, me toca a mí hacer todo porque regrese a casa”, resume Francisco, para explicar su situación en el universo femenino que predomina en el rastreo de 20 mil centromericanos que se perdieron en este país, de los cuales se logró la localización de apenas 200; seis en los últimos días.

Luis Alberto López, de 33 años, le hace segunda entre la minoría de género. Este joven, también salvadoreño, tiene una deuda generacional para encontrar a su hermano Juan Carlos desde que en el lecho de muerte su padre se lamentó de no haberlo encontrado después de un supuesto naufragio en aguas mexicanas.

La última vez Juan Carlos llamó fue desde la frontera entre Guatemala y México, en Tecún Uman. Dijo que estaba con el traficante de indocumentados. Nada más.

Y enferma por el desgaste de la espera infructuosa, la madre del guatemalteco Alejandro Zelaya, quien recogió ánimo para venir junto con su hijo.

Particularmente Zelaya quiere mitigar la culpa que siente por el modo en que respondió a su hermano Rafael Alberto la última vez que el migrante llamó a casa.

“Ya estaba en México, pero quería regresarse, y yo le respondí que si había ‘jodido’ tanto para irse tenía que hacerle huevos y seguir”, recuerda entristecido.

Pero lo hecho, hecho está. Así responde Santana Espinal, de 55 años, cada vez que regresa a Honduras con los 300 expedientes que guarda en un maletín de la Red de Desaparecidos (Comifa).

Santana es un campesino que cada año deja sus granos al sol para apoyar a familias que tienen migrantes extraviados y por razones de salud no pueden venir a México. Así carga desde hace tres caravanas un maletín con fotos de muchachas y muchachos, que busca como si fuera suyos.