Una triste reflexión

La masacre en la escuela Sandy Hook estremeció hace un año a los estadounidenses, pero el impacto del asesinato de 26 personas —incluyendo 20 niños— fue lamentablemente insuficiente como para asegurar que no se repita una tragedia similar.

La investigación federal no pudo determinar el motivo que llevó a Adam Lanza ir a la escuela de Connecticut para realizar el asesinato en masa y luego suicidarse. Lo que sí quedó en claro es que este individuo sufría de conocidos problemas mentales y de una fascinación con las armas de fuego, las mismas que usó para la matanza.

Por eso es indignante que pasado el periodo de duelo, en donde se recordó una y otra vez a cada uno de los niños asesinados, todo haya seguido prácticamente igual.

Hubo un consenso general sobre la necesidad de reforzar la atención de las personas con enfermedades mentales, que sufrió recortes de presupuesto superiores a los 4 mil millones de dólares entre 2009 y 2012. El único impacto real en esta área fue la decisión de la Casa Blanca de reacomodar más fondos para servicios mentales y otros aumentos en dinero, como resultado de la implementación del Obamacare.

En cuanto al control de armas, el resultado no puede ser más decepcionante. Después de muchas palabras, el Congreso fue incapaz de aprobar alguna medida para vigilar las armas de fuego.

La Asociación Nacional del Rifle (el NRA) impidió que se aprobara siquiera una ley sobre averiguación de antecedentes para los compradores de armas, medida que contaba con un respaldo popular mayoritario. La NRA también castigó exitosamente a los funcionarios electos que respaldaron medidas razonables en favor del control de las armas.

Es terrible que como consecuencia de esta tragedia, el fabricante del arma usada por Lanza haya aumentado en 36% la venta de ese rifle ante el temor de que fuera prohibido.

En resumen, todo sigue igual. Las posibilidades de que un individuo mentalmente perturbado cometa una masacre en una escuela no ha disminuido. En realidad ha aumentado, al haber más armas como la de Lanza en manos de personas cuya salud mental es desconocida.

El aniversario de Sandy Hook sirve para una triste reflexión sobre nuestra cultura y su obsesión enfermiza por las armas de fuego.