Restaurantes con letra ‘C’ no ahuyentan a clientes de LA

A pesar de calificaciones 'bajas' algunos resturantes mantienen a su clientela, mientras que algunos de sus comensales ignoran lo que significa la famosa letra en los frentes de los establecimientos de comida
Restaurantes con letra ‘C’ no ahuyentan a clientes de LA
El popular restaurante de South El Monte tiene una clasificación 'C' desde hace tiempo, pero los clientes no lo notan.
Foto: J. Emilio Flores / La Opinion

Es hora del almuerzo y Pedro Ríos, quien trabaja en la construcción, ha pedido cinco tacos de carne asada y un refresco en un popular restaurante de South El Monte. “Son los mejores tacos de por aquí”, dice.

Hay algo que el tapatío desconoce: su comedor predilecto tiene en la fachada un cartel con la letra “C” en color rojo, que significa que algo ha fallado en la inspección sanitaria. Cada reporte inicia con cien puntos o una “A” y se va degradando hasta la clausura si, por ejemplo, los alimentos no tienen la temperatura adecuada, algún empleado está enfermo o se detectó una plaga de ratas.

“Yo nunca me había fijado en esa letra”, comenta sorprendido John Martínez-López, que ha traído a su familia a probar los tacos de pollo del establecimiento que por años ha portado la infame “C”. “Lo bueno es que nunca me he enfermado”, celebra el cliente.

El propietario de la taquería, ubicada sobre la calle Rush, no estuvo disponible para una entrevista.

A la vuelta, el dueño de un negocio que —en cambio— presume una “A” explica el éxito de su competidor: “La gente ya está acostumbrada de comprar ahí y la letra está medio escondida”, indica Cutberto Reyes, que desde hace dos años atiende el restaurante “Guadalupana”.

En una época en que los brotes de enfermedades transmitidas por los alimentos acaparan los titulares de la prensa, una letra “A” podría dar cierta sensación de seguridad al comprar en los más de 22 mil restaurantes, 14 mil tiendas y 1,900 panaderías de Los Ángeles.

Lo cierto es que 256 locales fueron evaluados con la deshonrosa “C” y 112 recibieron una calificación incluso más baja (69 puntos o menos) en el ciclo 2012-13 y otros 180 debieron cerrar en los últimos cinco meses. Esto es una ínfima parte comparado con los más de 48 mil que recibieron la letra “A”.

“Somos muy estrictos en las inspecciones porque nos preocupa mucho la salud pública, tratando de que nadie enferme cuando come fuera”, señala Letaun Cotton, representante del Departamento de Salud Pública del condado.

Pero esa “limpieza” pareciera relativa cuando hay negocios con un historial cuestionable: por ejemplo, una tamalería en la San Fernando Road que permaneció clausurada del 19 al 21 de noviembre por “infestación de alimañas” ahora ostenta una “A” en su puerta, según reportes de la agencia.

A decir de expertos, una evaluación de dos horas no muestra la imagen completa de lo que ocurre en una cocina que opera los 365 días del año. Cotton precisa que una degradación no siempre refleja algo grave. “A veces el encargado no sabe cómo opera un artefacto y responde mal, quizás algunos alimentos no están etiquetados en inglés o alguien duerme en el lugar”, dice.

La industria no tiene una crítica al programa, que el condado aplica desde 1998 y que ha servido de guía para Nueva York, San Francisco, Austin, Chicago y Filadelfia, aunque lo han modernizado, con reportes sanitarios que están disponibles en aplicaciones para teléfonos inteligentes.

Su única queja es sobre los análisis posteriores a una clausura. “Estamos muy preocupados sobre cómo las jurisdicciones hacen las inspecciones para que el restaurante no esté cerrado tanto tiempo”, señala Angelica Pappas, vocera de la Asociación de Restaurantes de California.

Aunque unos le dan una puntuación satisfactoria al sistema (que también verifica los camiones de alimentos, pero con otro criterio), otros lo critican porque las hospitalizaciones por males relacionados a los alimentos apenas bajaron de 1,885 en 1998 a 1,835 en 2007.