Buena noticia, pero no tanto

Las deportaciones en 2013 se redujeron en 10%, es una noticia positiva que no termina de esconder la ansiedad y el sufrimiento de decenas de miles de inmigrantes que se vieron separados este año de sus seres queridos.

Nos referimos a ese 41% de las 368,655 personas que fueron removida y que no poseían antecedentes penales, al igual; que de los más de 60 mil individuos convictos de delitos menores que ya no están en el país.

Esto no quiere decir que no sea muy bienvenida la reducción de la cantidad de deportaciones para el año que termina. Cualquier disminución de los récords de deportaciones que están caracterizando la gestión del presidente Obama es sin lugar a duda buen desarrollo. En este caso, la caída según las autoridades de migración se debe a que ha mejorado el énfasis que se pone para detener especialmente a los indocumentados y al tiempo que toma para que estos pasen por los abarrotados tribunales de inmigración. La suspensión de deportación de cerca de medio millón de dreamers también ayudó a la reducción.

Sin embargo, la buena nueva no ayuda a despejar la gran preocupación en la comunidad inmigrante que significa la amenaza constante de separación familiar. Un temor que hoy hace sentir como más importante el hecho de detener las deportaciones que conseguir un camino a la ciudadanía en una eventual reforma migratoria.

Es muy improbable que cesen las deportaciones, lo que vale esperar es que realmente los únicos expulsados sean aquellos inmigrantes que representan un peligro a la sociedad. En ese aspecto, la tendencia es mejor que la de los años anteriores, pero es insuficiente en la medida que se expulse gente sin antecedentes penales ni que haya cometido un delito serio.

Está claro que una reforma integral establecería una dinámica distinta en cuanto a los deportados, pero eso es un tema del 2014. Mientras tanto, hay que seguir exigiendo que no se dividan las familias de gente trabajadora que vino a contribuir a este país con su esfuerzo honrado.