La emigración cubana

Inmigración

Acabo de terminar de leer Mapa dibujado por un espía, del reconocido escritor cubano Guillermo Cabrera Infante. Se trata de una memoria novelada, publicada póstumamente ya que Cabrera Infante falleció en 2005, que relata el retorno a Cuba y emigración definitiva de este escritor en 1965.

Cabrera Infante trabajaba como diplomático en la embajada cubana en Bélgica. Tuvo que regresar intempestivamente a la isla porque su madre había muerto. Unos días después, al querer emprender el regreso a Bruselas para volver asumir su puesto, fue prácticamente bajado del avión por una orden del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano, con la excusa de que el ministro quería verlo.

Esa reunión nunca se produjo y Cabrera Infante pronto se percató que era retenido por razones que desconocía y que nunca volvería a la embajada en Bélgica. El escritor movió sus redes personales para conseguir una visa que le permitió salir de Cuba, pero mientras tanto permaneció en la isla, observó y contó de primera mano los cambios que imponía el régimen castrista en la sociedad local.

Lo que Cabrera Infante vio, lo convenció de la necesidad de emigrar. El gobierno cubano ejercía un control cada día más férreo sobre lo que escritores, pintores y músicos producían, tachando de contrarrevolucionario todo lo que no se alineaba al dogma oficial.

Además, el ministerio del interior había colocado “orejas” en todas las instituciones de la cultura cubana, que se encargaban de pasar información sobre cualquier comentario o comportamiento que pareciera sospechoso.

Cabrera Infante también dio cuenta de la homofobia extrema del régimen. Hombres y mujeres homosexuales (o sospechosos de serlo) eran expulsados de las universidades y los trabajos y eran acosados física y verbalmente en público. Sus defensores corrían la misma suerte.

Aquellas personas que habían peleado del lado del movimiento revolucionario y en contra de la dictadura de Fulgencio Batista (tal era el caso de Cabrera Infante y su familia), pero que se atrevían a disentir de las políticas de Fidel Castro, eran encarceladas o enviadas al exilio— a una embajada o a morir en alguna guerrilla. El caso más famoso fue el de Ernesto “Che” Guevara.

Finalmente, esta memoria novelada de Cabrera Infante describe la aguda escasez de bienes que el embargo norteamericano y la ineficiencia que la estatización de la economía le imponían a la isla. Había dinero, pero no había qué comprar. La dieta del habanero común y corriente consistía en arroz, frijol y papas. El mercado negro era la alternativa para conseguir carne y otros productos.

Cabrera Infante salió de Cuba ese mismo 1965, convirtiéndose así en uno de cientos de miles de isleños que por razones políticas, entremezcladas con las económicas, emigraron para nunca más volver. Por décadas, el gobierno castrista llamó a estos emigrantes “gusanos” y “escoria”, adjetivos peyorativos que ponían en evidencia la relación de antagonismo entre el régimen y los cubanos en el exterior. Ayer tildados de “basura”, hoy las remesas de los emigrados son el principal sostén de la economía cubana. A este tema volveré la próxima semana.

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