Un fracaso anunciado que sacude a Angels

Resultado: suman cuatro años seguidos fuera de los playoffs
Un fracaso anunciado que sacude a Angels
Mike Scioscia ha sido cuestionado por falta de resultados.
Foto: AP

Si algo puede ir mal, irá mal. Vieja sentencia y ley de vida para alimentar el pesimismo y también para definir la temporada de los Angels, el equipo rojo de Los Ángeles, que cuando todos lo esperaban con los correctivos necesarios para volver a ser un equipo ganador, pasaron a ser uno de los peores fiascos y por cuarta vez de manera consecutiva se quedaron fuera de la postemporada.

Después de una temporada 2012 en el que el equipo peleó hasta la última semana y tuvo (89-73), a pesar de un mal año en el estreno de Albert Pujols, las apuestas los daban como favoritos en la División Oeste, pero el equipo de Anaheim enseñó un total desbalance y se hundió sin remedio.

Las cifras son inapelables y la realidad rotunda. Un récord de 78-84 para el equipo con el quinto presupuesto en todas las Grandes Ligas es una broma pesada sobre todo después de ver cómo los Atléticos de Oakland volvieron a cabalgar la División aunque su presupuesto de 64 millones sea menos de la mitad de lo que gastan los Angels (146 millones).

Por eso se esperaban soluciones. Por que Jerry Dipoto con un año a bordo como gerente general debería tener las respuestas.

Pero no fue así y por ahí empiezan las explicaciones de todo el desastre. Un catálogo de errores que no se disimula ni con la chequera inagotable de Arte Moreno.

Por eso Mike Scioscia juega con lo que le dieron y pierde con lo que tiene.

Con los números ya puestos en el cierre de la campaña anterior no parecía complicado el diagnóstico de los males. De entre todo había tres asuntos esenciales.

El primero era que los Angels habían sido el mejor equipo de la Liga Americana en promedio de bateo (.274), luego las prioridades no pasaban por hacer grandes gastos en ese apartado.

El segundo elemento crítico y que le costó todo a Angels, fue el pobrísimo papel del cuerpo de relevistas, que botó 22 juegos que le confiaron sus compañeros y era allí donde había que invertir para dar fortaleza a un grupo con la moral por el suelo y hecha trizas.

El tercer punto, fundamental, era reconstruir la rotación abridora que tenía a los estelares Jered Weaver (20-5), CJ Wilson (13-10), Zack Greinke (6-2), Dan Haren (12-13) y Ervin Santana (9-13) como los hombres en el candelero.

Wilson y Weaver tenían contratos en firme, Santana su ciclo cumplido y estaba de salida, pero Haren y Greinke eran agentes libres y había que negociar con ellos.

Era tema puntual en la agenda del gerente general Jerry Dipoto y, supone cualquiera, en las justas preocupaciones den un aparente sereno y paciente Mike Scioscia.

Pero no se resolvió así y Harem se fue a Washington, sin que nadie lo extrañara, aunque se llevaba en su maleta 28 juegos en dos campañas en las que había lanzado 410 entradas.

No pasó nada más y lo único nuevo fue que tampoco negociaron con Greinke, uno de los mejores lanzadores de las Ligas Mayores, dueño de un premio Cy Young y con cinco años con victorias en doble dígito.

El argumento es que pedía mucho dinero por año y muchos años de contrato.Al final fue a parar a los Dodgers y los resultados ya son de sobra conocido por la inmensa fanáticada ubicada en el Sur de California.

No llegaron nuevos lanzadores, pero llegó Josh Hamilton, un pelotero extraordinario, con un año 2012 portentoso (.285, 43 jonrones y 128 producidas) pero que no era una necesidad en el equipo.

Luego quedó toda la sensación, conocido el acuerdo con Hamilton, que el dinero para fimar a Greinke, se lo dieron al jardinero zurdo que llegaba de Texas.

Hamilton firmó por 133 millones y cinco años el 14 de diciembre y Zack Greinke se fue a Dodgers por 147 y seis años, tres días antes. Clarísimo tenían el dinero y no lo quisieron contratar.

Entonces llegaron Joe Blanton, Jason Vargas y Tommy Hanson para ponerse las botas de Haren, Santana y Greinke. El balance de esta comparación explica, en buena parte, el fracaso del equipo.

De los tres, Vargas respondió decentemente pero con (9-8 y 4.02) no pudo hacer los números de Haren.

Lo de Blanton es francamente lamentable. Es la historia de un lanzador que en junio no había ganado un juego, estaba (0-9) y acabó el año con (2-14 y 6.04). Y Hanson, lesionado tuvo (4-3 y 5.42). La aritmética no miente, se fueron 27 victorias y llegaron 15.

Si a este panorama desolador le agregamos que Jered Weaver, su mejor pitcher estuvo lesionado y solo tuvo (11-8 y 3.27), la cosa es mucho peor. Aunque en rigor, el flaco as de los rojos de Anaheim, en condiciones normales habría ganado seis juegos más que no cambiaban en lo sustancial la suerte del equipo.

Esta vez Dipoto parece entender que el equipo que bateó para .264, tercero en la Liga detrás de Detroit y Boston, reclama otras urgencias.

Sí, pitchers.

Por lo pronto y mientras averiguamos si llega Matt Garza o Bronson Arroyo, ya los Angels mandaron a Mark Trumbo a Diamondbacks con lo cual pierden 34 jonrones y 100 carreras producidas.

Más le vale a Dipoto que Pujols y Hamilton regresen sanos y que finalmente veamos a uno de los mejores 1-2 que existen en el beisbol y que Mike Trout siga en su ritmo de pelotero fantástico.

La temporada deja la consolidación de Ernesto Frieri como taponero con 37 salvados y a CJ Wilson (17-7 y 3.39) que junto a Weaver son una base firme, pero faltan tres y hasta cuatro lanzadores para construir una rotación ganadora.

Garrett Richards (7-8 y 4.16), con solo 25 años ha probado merecer la oportunidad y De la Rosa (6-1 y 2.86) puede ser un quinto o sexto abridor. No más que eso.

Así que Jerry Dipoto y Arte Moreno, ya saben que la única manera de que Mike Scioscia no les ponga en pleno verano a Joe Blanton con (0-9) como pasó este año, es que salgan de compras y traigan dos o tres nombres de entre Ubaldo Jiménez, Matt Garza, A.J. Burnett y Bronson Arroyo, que es lo que hay en el mercado.

A menudo se dice que en el beisbol un año malo puede ser un asunto de los peloteros.

Dos años malos llegan a ser un asunto del mánager, pero más de tres años malos, se convierten en un asunto que debe explicar directamente la gerencia general.