Una ayuda perdida

A partir de ayer, cerca de 220 mil californianos perdieron el beneficio de una extensión federal de desempleo. Es cierto que la tasa de desocupación se ha ido reduciendo, pero el 8.5% actual en California es demasiado elevado aún para determinar que la emergencia laboral desencadenada por la Gran Recesión ya hay que detenerla.

El Congreso terminó la sesión de 2013 sin haber extendido el beneficio que comenzó con la Administración de George W. Bush y que ha sido prolongado hasta este mes de diciembre.

En esta oportunidad, una cantidad significativa de legisladores republicanos en Washington se opuso a extenderlos bajo el argumento de que aumentará el déficit —por lo cual debe estar acompañado de recortes de presupuesto— o porque perjudica al desocupado por desalentar la búsqueda de empleo.

Es irónico que el Congreso haya tomado esta actitud —demócratas y republicanos aprobaron hace unas semanas un acuerdo presupuestal sin la extensión del beneficio— cuando en el último tiempo no hay ley alguna para promover la creación de empleos.

Es importante que el Congreso retome el tema de inmediato a su regreso la semana del 6 de enero. Las extensión del beneficio es una ayuda significativa tanto para el desempleado como para la economía. El The Economic Policy Institute (EPI) estimó recientemente que la extensión costaría 25,500 millones de dólares en 2014, pero no hacerlo significará una pérdida potencial a la economía de 37,800 millones de dólares y cerca de 310 mil empleos al no circular ese dinero.

La economía ha mejorado en 2013, pero incluso con esos avances en California se estima que hoy hay 400 mil empleos menos que al inicio de la crisis. Es necesario extender este pago de desempleo de lo contrario el impacto negativo se multiplicará cuando en junio llegue a medio millón la cantidad de californianos sin empleo ni beneficio de ayuda.