¿El año de la inmigración?

El nuevo año se inicia con el clamor de la comunidad inmigrante para que el 2014 sea el momento en que se apruebe una reforma migratoria integral.

El 2013 parecía ser el año ideal para hacer las correcciones necesarias en las leyes migratorias de manera que ayude a la economía, incorpore humanamente al trabajador indocumentado y proteja la seguridad nacional.

Lamentablemente la reforma quedó cautiva en la Cámara de Representantes como reflejo de la influencia que tiene la línea dura antiinmigrante sobre la bancada republicana. Y en sus manos está todavía el actuar para que no se pierda todo el esfuerzo realizado hasta ahora por el Senado y los numerosos grupos de interés que respaldan la reforma.

No es que el proyecto aprobado por el Sen ado sea ideal. La medida negociada entre demócratas y republicanos establece un tortuoso camino a la ciudadanía en la que mucha gente perderá sus posibilidades durante el recorrido. Pero, al menos, dará tranquilidad de inmediato a millones de familias trabajadoras que hoy viven con la amenaza permanentemente de la deportación.

Las posibilidades de aprobar una reforma migratoria durante un año de elecciones son difíciles. La inmigración es un tema que se presta para la demagogia y es aprovechado por sus opositores para asustar a los votantes con verdades a medias.

Sin embargo, de no avanzar este año la reforma, será necesario comenzar de cero en el 2015 con un Congreso impredeciblemente distinto. Como dice la frase, es mejor pájaro en mano que cien volando.

Para que esto pueda suceder es necesario que el presidente de la Cámara Baja considere la reforma como una prioridad por la que él esté dispuesto a enfrentar al sector más recalcitrante de su partido de manera que permita votaciones en el pleno sobre los proyectos de ley tanto republicanos como demócratas. Y por supuesto, después negociar de buena fe —sin envenenar los pilares de la reforma como lo es la legalización— con el Senado una ley final que pueda ser firmada por el presidente Obama.

Sin lugar a duda se puede culpar a la Casa Blanca de las deportaciones, pero el futuro de las leyes de inmigración —que sin duda cambiará la dinámica de las repatriaciones— permanece en manos republicanas. En el 2014 los congresistas de esa bancada deberán optar entre actuar como políticos demagogos o personas de estado que actúan en bien de la nación. La esperanza es lo último que se pierde.