Lionel Messi: una temporada de ilusiones

"La Pulga" apun encierra algunas intrigas por sus fragilidades físicas
Lionel Messi: una temporada de ilusiones
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Después de México 86, se hizo costumbre encadenar decepciones detrás de cada Mundial. La captura del trono se convirtió en una odisea. De todos modos, el fútbol argentino siempre demostró su capacidad de regeneración. Y los signos vitales los mantuvo a partir de su vena competitiva y la admiración que despiertan sus figuras. Hoy, especialmente una: Lionel Messi. Un beneficio insoslayable para el equipo y, a la vez, una prueba para sondear la capacidad del entrenador Alejandro Sabella y la empatía con sus compañeros. Un carrusel de desafíos esperan este año a la selección.

La Argentina sigue gozando de prestigio y reconocimiento internacional. Más allá del favoritismo por España, Alemania y Brasil, en la mayoría de las predicciones un escalón por delante, la selección se estaciona frente a Brasil 2014 en un plano expectante. El equipo albiceleste sí tendrá la obligación de recuperar el protagonismo en una Copa del Mundo, es decir, llegar al menos hasta las semifinales, una cuenta pendiente que ya arrastra 24 años (Italia 1990) de frustraciones. Un privilegio, el de jugar los siete partidos, al que desde entonces sí se las ingeniaron para alcanzar Turquía, Corea del Sur, Suecia, Bulgaria, Croacia y Uruguay, por ejemplo.

La preocupación de Sabella pasa por la asimetría de su equipo: posiblemente se trate del seleccionado más intimidante por su potencial ofensivo, pero a la vez no ofrece garantías defensivas. El desequilibrio lo provoca la diferencia de jerarquías individuales entre sus cotizados delanteros (Gonzalo Higuaín, Sergio Agüero, Ángel Di Maria y, desde luego, Lionel Messi) y defensores de discreto nivel (Federico Fernández, Garay, Marcos Rojo, Campagnaro y Basanta) que, seguramente, no es casual que no se desempeñen en ningún club de la elite europea.

¿Se puede solucionar este problema? No. Quizá, se pueda maquillar. ¿Cómo? Con un esforzado, comprometido trabajo colectivo -sí, de todos- que consiga disimular los déficits personales. De todos modos, Sabella se encontrará con el obstáculo de disponer de muy poco tiempo de trabajo en la antesala del Mundial. Apenas quedan tres amistosos antes del debut mundialista ante Bosnia: el 5 de marzo frente a Rumania, en Bucarest; el 4 de junio en Rosario ante un rival a confirmar, y el 7, con Eslovaquia, en el Monumental. Desde el 8, la selección se concentrará en Cidade do Galo, el predio elegido en Belo Horizonte.

La Argentina parece acorralada: debe intentar sostener su arco como pueda para que sus estrellas la conduzcan hacia el éxito. Especialmente la Pulga Messi, que aún encierra algunas intrigas por sus fragilidades físicas. Hoy en nuestro país las alarmas están encendidas y sólo en los próximos días, cuando retome la competencia en Barcelona se podrá pisar sobre seguro. Porque la Argentina necesita del mejor Messi, bien rodeado por sus célebres socios, para soñar con objetivos ambiciosos. De otro modo, sólo se tratará de un seleccionado de segunda línea; quizá animador, pero no un actor principal.

Desde el magnetismo de Messi y una armada ofensiva envidiable (incluso sin Carlos Tevez, sin ninguna chance de ir al Mundial) aparecen las certezas y se abona la ilusión. La Argentina es elogiada y temida sólo por Messi y compañía. Y no se trata de un diagnóstico despectivo, sino de un retrato de la potencialidad del equipo. Lo saben todos. No hay atajo más directo hacia la victoria que el protagonismo antes que el balanceo, el titubeo conceptual. La Argentina es sinónimo de gol y no debe alejarse de su única certeza. Hoy la selección cuenta con un ataque formidable y una defensa frágil. Imprimir precauciones y romper el 4-3-3 para ganar supuestas garantías en el fondo no se presenta como un buen negocio.

Sabella se siente naturalmente más cómodo en la cautela que en la audacia, pero se encontró con un fabuloso potencial y se permitió reconfigurarse. Renunció a su paradigma y no debe arrepentirse.

A poco más de cinco meses de la Copa del Mundo, Sabella tiene el equipo titular definido y prácticamente tampoco le quedan dudas entre los integrantes de los 23 apellidos que viajarán a Brasil.

Pero frente a tantas certezas, actualmente el entrenador no alcanza a despejar ciertas sombras que lo atormentan.¿Cuáles? La producción de algunas piezas clave, esenciales en el esquema. Romero, el arquero que no juega en Monaco y arrastra una inquietante inactividad para un puesto tan singular; Fede Fernández, otro pilar que en su club, Napoli, se acostumbró a una rotación que le impide afirmarse; la desgastante seguidilla de lesiones musculares que comprometen el rendimiento de Gago; la pérdida de protagonismo de Di María en Real Madrid tras la millonaria contratación del galés Gareth Bale, algunas lesiones de Agüero, Zabaleta e Higuaín; Banega, Andújar y Lavezzi algo disgustados en sus clubes… Y los fantasmas que casi no han dejado en paz a Leo Messi desde abril del año pasado.

En Brasil 2014 la Argentina no tendrá que renegar de su esencia: lo mejor del equipo es su volcán ofensivo, los famosos “Cuatro Fantásticos”. Esa región debe estar blindada como un patrimonio nacional, es la llave que le dará sentido a la ilusión de desembarcar en la última semana.

Fue más de un mes, desde el 30 de noviembre, el tiempo que estuvo en la Argentina, entre Buenos Aires y Rosario, donde intensificó la recuperación del desgarro en el bíceps femoral izquierdo que sufrió el 10 de noviembre, frente a Betis. Hoy, dado de alta y completada la rehabilitación, Lionel Messi viajará a España para incorporarse a los entrenamientos de Barcelona. A partir de entonces se tendrán más precisiones sobre el día de su reaparición. Difícil que se produzca el domingo, frente a Elche, en la reanudación de la Liga de España. Las posibilidades de verlo otra vez en una cancha aumentan para el partido del próximo miércoles, ante Getafe, por la Copa del Rey. Y si no, el sábado 11 le esperará un plato fuerte: la visita al Atlético de Madrid, puntero junto al Barça.