Perspectiva económica para América Latina

Existen dos factores adversos que de manera significativa deberán enfrentar las economías latinoamericanas en 2014
Perspectiva económica para América Latina
Mayores sectores sociales carecen de capacidad adquisitiva para satisfacer sus necesidades básicas.
Foto: Archivo / AP

Latinoamérica

Para 2014, la tasa de crecimiento económico de América Latina sería de 3 %, según se puede inferir de pronósticos dados a conocer por entidades como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Es una tasa que supera levemente el crecimiento de 2.8 % logrado en 2012, pero que se mantiene alejada de los niveles de crecimiento promedio anual registrados entre 2003 y 2012 que llegaron a 4 %.

Existen dos factores adversos que de manera significativa deberán enfrentar las economías latinoamericanas en 2014. Por una parte la tendencia de la desaceleración de los precios de las principales exportaciones regionales. Por otro lado, el descenso en el financiamiento externo.

La escasez relativa internacional de productos ha ido declinando, y en el otro sentido, los capitales que llegaban con mayor facilidad a la región, son ahora caudales cada vez más débiles. Esto último ha evidenciado ser una tendencia que inició en mayo de 2013, cuando la Federal Reserve (Fed) anunció que podría ir dejando de lado políticas monetarias expansivas para la producción.

Los precios de las materias primas y en general de las exportaciones se mantienen en niveles relativamente altos, pero se van desvaneciendo los ritmos crecientes en cuanto a contar con divisas abundantes y rápidas, algo a lo que muchos países de la región se acostumbraron desde 2003.

En condiciones en las cuales se disminuye la demanda de los países más desarrollados, lo oportuno es depender de la demanda efectiva que tienen las propias sociedades. De allí que los países que tienen más pobres presentan mayor vulnerabilidad al depender de demandas foráneas sobre las cuales no se tiene control.

Es por ello que un mayor nivel de inequidad y mayores sectores sociales careciendo de capacidad adquisitiva para satisfacer sus necesidades básicas, sea un freno significativo para procesos de recuperación y estabilidad económica y competitiva. A eso debe agregarse que en medio de esas condicionantes, los países deben mejorar las estrategias de creación de ahorro interno que permita financiar los siempre necesarios niveles de inversión, ya sea de mantenimiento o de ampliación neta de capacidad productiva.

No obstante, existen buenas noticas. Producto del prudente manejo de la política macroeconómica que se ha establecido durante la primera década del Siglo XXI, los países latinoamericanos cuentan ahora con factores que pueden permitir un manejo que evite desastres.Esos factores se resumirían en tener una deuda externa manejable, contar ahora con un sistema financiero que puede impulsar la producción y productividad competitiva, notable acumulación de divisas y mecanismos de política cambiaria que pueden traducirse en ajustes oportunos, los que a su vez pueden permitir el control de procesos inflacionarios y de mejora en los niveles de empleo.

En especial las economías de México, Centroamérica y el Caribe, que tienen por mercado natural la gran economía de Estados Unidos —responsable de un 28 % del producto interno del mundo-— al bajar los precios de las materias primas, verán limitadas sus posibilidades de aprovechar la dinámica de crecimiento de la potencia del norte. Esto sería especialmente importante en el caso de México, no obstante el grado de industrialización y de diversificación de exportaciones que ha logrado.

En todo el escenario continúan preocupando las dificultades de Venezuela, la potencia petrolera de la región. Los problemas particulares apuntan a que —aunque nadie quiere este escenario— Venezuela mantiene una tendencia a una inflación que podría desbocarse. Tan sólo durante el año 2013, la escalada de precios se ha comido prácticamente un 40 % del ingreso real de los sectores asalariados, el gobierno parece ya no tener los niveles acostumbrados de reservas, y existe la amenaza de dos factores internos: elevación del precio de la gasolina y muy probablemente devaluación adicional de la moneda para el año que inicia.

El gobierno venezolano mientras tanto no da muestras de establecer una política económica concertada, ni en promover acuerdos con la oposición. Se muestra dispuesto a incrementar los controles estatales, continuar con las expropiaciones y mantener programas de apoyo internacional que están teniendo un notable costo de oportunidad para la sociedad venezolana.

De nuevo ahora, además de la pobreza e inequidad prevalecientes, en la región se está sintiendo la dependencia de exportaciones carentes de mayores valores agregados. No obstante procesos de agroindustria y manufacturas que se han adelantado —casos de México, Costa Rica y Brasil— en la medida que esta situación prevalezca no se pueden generar mercados internos ampliados, ni mejora en las balanzas comerciales y cuentas corrientes de las respectivas balanzas de pago de los países. Habrá historia para rato.