Todo por la igualdad

Viva la liberación femenina a la hora de pagar las cuentas
Todo por la igualdad
Mujer que paga el almuerzo se ve más bella, interesante, sexy, perturbadora, inteligente.
Foto: Shuttersotck

Papeles

Dos de tres norteamericanos están de acuerdo en que las mujeres ayuden a pagar la cuenta. No solo en Navidad, Año Nuevo y Reyes. La estadística no está mal porque principio tienen las cosas. Como cuando Dios creó a Adán para tener con quién hablar. Equilibró las cargas sacando a Eva de un sombrero. El que peca y reza empata.

Tal vez ellas no lo sepan, pero el comodísimo hombre de Internet está preparado para que paguen la cuenta. Toda.

Esto hace parte de la liberación masculina que los machos alfa tratamos de sacar adelante. Con la ayuda de las feministas, claro. (Digamos a sus espléndidas espaldas que mimándonos tanto —nos lo merecemos— ellas tienen la culpa del machismo reinante).

Las féminas se han ido quedando con el pan y con el queso del poder. Así que pagar la cuenta, ¿qué más da?

“Todo nos llega tarde”, menos el estudio según el cual el 64% de los gringos está de acuerdo en que la “dulce enemiga” se haga sentir al final de la velada.

Hay que admitirlo. Ellas se meten cada vez más la mano a la babel del bolso. Pero pueden hacer más en aras de la cacareada liberación femenina.

Las féminas tomaron muy a pecho su liberación. Repican y andan en la procesión. Rinden en casa y en la oficina. Terminan la jornada exhaustas, sin saber de donde son vecinas. Increíble tanta capacidad de entrega. Los hombres somos incapaces de hacer siquiera la quinta parte de sus diarias faenas. Barremos un centímetro y corremos a ver al especialista en columna vertebral.

Lo afirmo sin esperar que lo diga una investigación de Harvard: Mujer que paga el almuerzo se ve más bella, interesante, sexy, perturbadora, inteligente. ¿Quién sería capaz de decirle que no?

Nadie se imagina a una mujer como Angelina Jolie esperando que su media naranja, Mr. Pitt, pague los perros calientes.

Imposible ver a la exsenadora colombiana Piedad Córdoba a la espera de que Iván Márquez, de las Farc, se meta la mano al dril en algún paladar (restaurante) de La Habana. Supongo que primero indagaría si va a pagar con plata del último secuestro, o de la venta de coca. O si el dinero es de parte aseada y sin pelos.

Tampoco sería de buen recibo que la exsecretria de Estado, Hillary Clinton, le exigiera a su exjefe el presidente Obama que la invite a comer hamburguesas cerca de la Casa Blanca con cargo a su robusto salario. Al fin y al cabo, las tarjetas de crédito de los presidentes terminan vírgenes, sin usar, al final del mandato. De los dos mandatos en este caso.

Entrados en gastos, propongo acabar con otro jurásico bastión de la desigualdad: que la cuenta del matrimonio se pague miti-miti. Actualmente, con excepciones, en algunos países, es una arcaica responsabilidad de los padres de la novia.

Una presentadora de televisión no aceptó que ni su marido ni una empresa le pagara los cucos y demás coqueterías. La bella notificó que se compraría todo. Bravísimo.

Mujeres, no desmayen. Sigan sorprendiéndonos: nos pueden conquistar, acosar. Y pagar la cuenta en Navidad, Año Nuevo, siempre. Ya pagamos suficientes facturas. Liberénnos de ese bacalao.