El TLC y el narco

Las únicas que se han beneficiado del TLC son las grandes transnacionales que han aprovechado los bajos aranceles para invadir el mercado mexicano

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En 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), los defensores del campo mexicano pronosticaron el desastre en el que este se convertiría al no poder competir con la industria agropecuaria más grande del mundo que es la estadounidense. Lo que no previeron fue que el vacío creado sería ocupado por un sector que con el tiempo cobraría una fuerza inusitada: el narcotráfico.

A 20 años de la firma del polémico tratado, expertos en el tema del campo en México, aseguran que ante la huida de millones de campesinos y la falta de apoyo y presencia del Estado mexicano, el narco ha aprovechado para financiar actividades agropecuarias y comprar las tierras abandonadas.

Víctor Manuel Quintana Silveyra, académico, activista social y dirigente en Chihuahua del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), reveló hace unos días al diario La Jornada que desde 1994 un creciente número de campesinos ha quedado bajo zonas de influencia de narcotraficantes que los obligan a producir lo que ellos quieren. Ante ello, a los trabajadores del campo solo les queda obedecer o dejar sus tierras.

Como resultado de esta situación, agrupaciones como el Consejo Nacional de Organizaciones Campesinas y la Confederación Nacional Campesina estiman que se han perdido unos dos millones de trabajos en el campo, cinco millones de trabajadores agrícolas han abandonado sus tierras y se ha desmantelado el cultivo de granos como el arroz y el sorgo e incluso se ha venido abajo la antes boyante producción de leche, maíz y frijol por lo que ha aumentado de manera alarmante la dependencia alimenticia del extranjero.

De forma paralela, apuntan, han crecido el desempleo, la emigración hacia las grandes ciudades o hacia el norte, los narcocultivos y el índice de todo tipo de delitos. Se estima que unos 600 campesinos dejan diariamente sus tierras.

Hasta ahora, además del crimen organizado, las únicas que se han beneficiado del TLC son las grandes transnacionales que han aprovechado los bajos aranceles para invadir el mercado mexicano con sus productos alimenticios, muchas veces de dudosa calidad.

Si bien durante estos 20 años las voces de quienes defienden al campo no se han apagado, su impacto ha sido mínimo debido a que se trata de una lucha muy desigual. Se han tenido que enfrentar a las poderosas trasnacionales y a los representantes de los partidos políticos que protegen esos intereses.

Debido justamente a esos obstáculos, es indispensable que la sociedad apoye la lucha de esos grupos, especialmente ahora que se aproxima una reunión de los líderes de los tres países signatarios del TLC con motivo de su 20 aniversario. No sólo se deben incorporar a las negociaciones sectores que ahora tienen gran importancia como la tecnología de la información y la industria aeroespacial, sino reconocer que se deben hacer ajustes para proteger a los grupos que quedaron desamparados como los agricultores mexicanos medianos y pequeños. Solo así se podrá cumplir con el principal objetivo del tratado: impulsar los niveles de bienestar, crecimiento y seguridad en toda la región.