Croquetas de jamón ibérico

Prepara estas deliciosas croquetas para una ocasión especial.

Las croquetas son un plato perfecto para almorzar -van muy bien acompañadas con una ensalada de tomate, o mixta-, para cenar o como complemento en una celebración para picar junto con otros manjares. Este plato es, de alguna forma, como la pasta: admite cualquier tipo de ingredientes.

En otra ocasión, te daremos más ideas para darle a estas bolitas de bechamel otro toque, o para “reciclar” restos de otros platos, como un pollo asado. Pero eso será en otro artículo.

Además, si preparas una buena cantidad, se pueden congelar y sacar en cualquier momento para un apuro o para ir organizándose con tiempo de cara a una celebración .

Ingredientes:

  • 250 g. de jamón en taquitos
  • Aceite de oliva y mantequilla
  • 2-3 cucharas soperas de harina de trigo
  • 1.5 litro -aprox.- de leche
  • 2 lonchas de queso o un poco de queso (opcional)
  • 2 huevos (por lo menos)
  • Pan rallado

Preparación:

Empezamos, en primer lugar, haciendo la masa de nuestras croquetas. Básicamente, el secreto de este plato es que quede una masa buena, ligera, pero lo suficientemente consistente para poder montarlas luego, sin que sepan a harina y que tampoco queden muy grasientas. Básicamente, es hacer una bechamel un poco más gorda que la que haríamos para unos canelones.

En una sartén caliente -aunque con el fuego a medias porque si no se nos quemará la harina-, echamos aceite de oliva y mantequilla a partes iguales. La sartén debe ser antiadherente y bastante grande. Cuando la mantequilla esté derretida, echamos los taquitos de jamón, y en seguida las cucharadas de harina. Revolvemos.

Si vemos que queda muy espeso y se hacen bolitas de harina, añadimos más aceite y más mantequilla. Este paso es fundamental para que nuestras croquetas queden buenas. Tenemos que hacerlo rápido para que la harina no se queme, pero tenemos que estar el tiempo preciso para que se forme una masa relativamente uniforme.

En ese momento, echamos la leche. Es recomendable que la hayamos sacado de la nevera una hora antes para que esté templada y así con el contacto con la masa, es más difícil que se formen grumos. No hace falta echarla toda al momento. Podemos verter una buena cantidad al principio, y luego según veamos la consistencia del plato.

Revolvemos entonces con bastante intensidad. El fuego sigue medio: lo suficiente para que hierva, pero sin quemar. Hay que estar unos 10 minutos, tal vez más, revolviendo bien para que no se pegue, quede una masa compacta y no sepa a harina. En mitad del proceso, si queremos, podemos añadir un poco de queso para darle un toque de sabor.

Una vez que tenemos la bechamel espesa hecha, podemos batirla para triturar los taquitos de jamón, o dejarlos enteros, a gusto de los comensales, y la dejamos enfriar en una bandeja plana unas cuantas horas (toda la noche incluso).

Una vez está la masa fría, cogemos tres platos: en uno, batiremos dos huevos (o los que hagan falta), en otro echaremos pan rallado y en otro harina. El orden en el siguiente: harina, huevo, pan. Es el momento más divertido para los pequeños: ¡montar las bolas! Una vez montadas, si queremos congelarlas y no freírlas inmediatamente, las ponemos en un plato sin que se toquen unas con otras y las metemos unas horas en el congelador. Cuando estén congeladas, las despegamos y las podemos meter en una bolsa de plástico: nos sacarán de más de un aprieto.

Finalmente, sólo queda freírlas con suficiente aceite de oliva y comerlas con todas las ganas del mundo, ¡nunca fallan!