Cuando los hijos adultos vuelven a casa

Es común que, ante una crisis de pareja o económica, los hijos adultos vuelvan a la casa de sus padres.

En estos tiempos, muchos son los padres que deben volver a acoger a sus hijos emancipados en la casa familiar. La causa puede ser el que hayan sufrido un revés económico, falta de empleo, una separación o divorcio, estar convalecientes de alguna intervención o enfermedad, o cualquier otra; pero las nuevas circunstancias desconciertan a todos y hay que volver a reorganizarse.

Cómo establecer una convivencia agradable

Lo primero en lo que hay que pensar es en que el hijo o hija que regresa acaba de pasar por un trance delicado, al que debe sumar la renuncia de su independencia para volver al hogar familiar. Eso supone para ellos una forzosa disminución de su autoestima , ya que se crean sentimientos de fracaso, debilidad, o incapacidad de ser autosuficientes.

Por eso lo importante en esos primeros días es distender el ambiente, hacer que se sientan acogidos sin recordarles constantemente porqué han tenido que volver, y darles un tiempo para serenarse y sentirse cómodos .

Pero lo anterior no significa que no tenga que haber normas, ni que no se deban aplicar desde el principio. Que los chicos vuelvan al nido no debe suponer que los padres actúen como cuando eran menores. Ahora son adultos, y por su bien y el de los padres, deben seguir siendo responsables en la medida en que puedan. Sentarse a plantear la nueva convivencia común se hace necesario.

Establecer las normas

Si tienen ingresos, deberán tener claro que deben aportar una cantidad para el mantenimiento familiar, así como correr con sus gastos particulares, como el seguro del auto, su cobertura médica o aquello que tengan contratado. Si no pueden asumirlo, se atenderá a las prioridades y deberán recortar sus gastos personales en favor del bien común, según lo exija la situación.

Además de contribuir en lo económico a las necesidades familiares, dar este aporte les dará la sensación de no ser una repentina carga para sus padres, y de seguir poseyendo una cierta autonomía .

Los hijos o hijas que vuelven a casa no deben perder las ganas de ser personas independientes y dueños de sus vidas. Por agradable que sea vivir bajo el techo familiar y disfrutar de más tiempo juntos , los padres y los jóvenes deben tener claro que tarde o temprano lo natural es que vivan separados y que cada cual sepa mantener su espacio.

Por eso, lo conveniente es que se tome la convivencia como algo temporal que puede cambiar en cualquier momento. Animarles a no perder la esperanza en el futuro, en que volverán a disfrutar de una pareja, un trabajo o una familia propia; o ayudarles a superar su dolencia o ese mal trago que los sume en la depresión, es no dejar que se desanimen respecto a su futuro.

Felices sin dependencias

Para muchos padres y madres, recobrar en casa a sus retoños, ya crecidos, es como volver al pasado. Es un error creer que todavía son como niños , que necesitan a sus padres de la misma manera o que se les puede ordenan todo o se les tiene que consentir todo. Los padres deben mantener también su espacio vital, sus actividades individuales y sus costumbres, lo que permita la nueva situación. Atenderse unos a otros no debe implicar una dependencia obligada de ninguna de las partes.

Respetar la zona privada de cada cual, las normas del hogar y contribuir a las tareas entre todos, es esencial para una convivencia saludable y feliz.