Cuida de tu salud mental, aprende a ser feliz

Tan importante como la salud física es la mental, entre las dos existe una correlación muy estrecha; el principio socrático de mente sana en cuerpo sano sigue teniendo validez; se puede afirmar que una es el soporte de la otra. La sensación de bienestar físico trasciende a la manera como sientes, te comportas, piensas, razonas, a cómo aprehendes y percibes el mundo. De igual forma, si padeces de algún malestar o enfermedad física, ésta puede ser la causa del detrimento de tu salud mental.

Estás sana mentalmente cuando te acompaña una sensación de bienestar y de equilibrio emocional que permite que funciones de manera autónoma y acorde con las relaciones y roles sociales necesarios para tu desempeño con relación a los demás: familia, trabajo, comunidad.

Tus preocupaciones y el estrés que te supone la vida diaria y sus retos son fuentes de muchos de tus problemas emocionales y crisis que se traducen en insomnio, inapetencia, dolores, impotencia, inseguridad, nerviosismo, etc., síntomas que si bien incómodos para ti, no tienen repercusiones patológicas; estos puedes superarlos asumiendo una actitud positiva, haciendo ejercicios relajantes, meditando o simplemente comunicándote con las personas cercanas a quienes amas y que te escuchan y aconsejan. En pocas palabras son desequilibrios que puedes evitar o que se quitan asumiendo comportamientos paliativos para lograr el equilibrio y poder funcionar normalmente.

No obstante, algunos de los problemas de salud mental tienen su origen en alteraciones químicas del cerebro y causan cambios de comportamiento que colindan con lo que se puede llamar una respuesta patológica, como la depresión que no se puede superar tras la muerte de un ser querido, los pensamientos negativos que contemplan destrucción de otros o el suicidio, el aislamiento, la incapacidad de pensar y trabajar correctamente, la necesidad de beber o recurrir a las drogas para lograr olvidar por un momento la obsesión o la crisis, la violencia y hostilidad que te inducen a la agresión o por el contrario la angustia y ansiedad que te llevan a la fobia de cualquier índole; si este es tu caso, lo mejor es recurrir a la atención profesional. El propósito es que con la ayuda adecuada tú puedas reducir el estrés y reponer el balance químico normal de tu cerebro para que puedas sentirte en paz y armonía, para que puedas pensar, aceptar la realidad y readaptarte.

Si los síntomas que experimentas se vuelven inmanejables y no te permiten funcionar con normalidad, si se convierten en hábitos que no puedes cambiar, si van en aumento y se multiplican y afectan tu vida en todos los niveles, si has contemplado el suicidio, tienes que saber que cuentas con personal y recursos a tu servicio para ayudarte y prestarte apoyo . Si recurres a tu médico, éste no solo revisará tu historia clínica, sino que buscará inconsistencias o contraindicaciones si estás tomando alguna medicina, él también puede recomendarte un psiquiatra o un psicólogo según vea el origen de tu desbalance mental. Cuentas por supuesto con la colaboración de trabajadores sociales y consejeros quienes tienen la capacidad para ayudarte a determinar y entender tus problemas emocionales y te pueden vincular con grupos de apoyo en donde encontrarás un eco y un espacio abierto para hablar de la situación de crisis que te hunde y lograr entenderla y superarla.

En la aventura de tu vida encontrarás frustraciones y alegrías, duelos y relaciones maravillosas, logros y derrotas, aprende de todo ello, acéptate y vincúlate . No has nacido para ser infeliz, sino para saber cómo no serlo.