El buen humor se contagia y se aprende

Tú eliges si quieres proyectar en los demás alegría o mal humor.

La sonrisa y el buen humor son contagiosos. Es interesante lo que tu sonrisa sincera puede provocar en los otros. Cuando te sonríen, tiendes a devolver la sonrisa, y este simple gesto te hace sentir bien. Este mismo efecto de contagio se produce con el mal humor y las malas caras: si te sientes negativo y enfadado, los demás recibirán eso de ti y les provocarás rechazo.

Cuando decides presentarte ante la vida de manera positiva y afrontas tus problemas y situaciones de buen humor , las circunstancias te parecen más fáciles de superar, ya que de esta manera, ves más aspectos positivos que negativos y te encuentras más proactiva y dirigida al logro y superación de la dificultad.

Tú eliges si quieres proyectar en los demás alegría o mal humor. Las personas de tu entorno más cercano puntúan muy positivamente tu buena actitud cuando estás en casa; tu comunicación será más positiva y si lo compartes con tus compañeros de trabajo, tu equipo estará más unido y será más creativo.

¿Puedes aprender el buen humor?

Es totalmente posible aprender y enseñar a tener un mejor humor . Encontrarte rodeada de personas alegres puede enseñarte a enfrentarte a las situaciones de manera distinta y cambiar tu mentalidad hacia una nueva manera de mostrarte mucho más optimista y feliz. Si quieres aprender, seguro que lo consigues, pero tu actitud es fundamental.

No es posible que estés siempre contenta; siempre pueden aparecer en tu vida situaciones que temes, que te entristecen o te enfaden; pero la manera en que te enfrentes a todo esto es cosa tuya. Dependiendo de la forma de afrontarlo, tu vida se girará en un sentido u otro.

Beneficios para la salud

La investigadora Begoña Carbelo mantiene que la sonrisa y el optimismo aportan beneficios terapéuticos en la salud y mejoran la calidad de vida de las personas. Según su experiencia profesional sobre ciertas enfermedades graves como el cáncer, puede concluir que cuanto más cuidan los pacientes su estado de ánimo y su lenguaje positivo durante la enfermedad, más predisposición hacia la curación presentan, ya que no se sienten desbordados por la situación y no se paralizan.

De momento, no se puede afirmar que el sentido del humor alargue la vida, pero sí que hay algunos estudios que lo demuestran, como el publicado en la revista de la Clínica Mayo, en el que se estudiaron 800 monjas, y se concluyó que las que se enfrentaban a la vida de manera optimista habían vivido más.

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