Por qué aceptar cuando el hijo decide independizarse

El hecho de que el joven tome la decisión de salir del núcleo familiar para enfrentar el mundo por sí solo, ya implica que psicológicamente él se siente capaz, se hace responsable de sí mismo y se apropia de un espacio en donde él establece sus propias reglas. Para las familias latinas es muchas veces difícil llegar a aceptar que el hijo se vaya porque las relaciones se basan en el control no solamente afectivo, sino en la invasión constante del espacio del muchacho donde él debe someterse a la autoridad en nombre del amor, él le pertenece a los padres.

Es esta relación donde el muchacho le debe completa sumisión a los padres porque ellos son su razón de ser, los lazos afectivos se estructuran en la codependencia; el niño tiene una estrecha relación con los padres, lo cual no es negativo por sí mismo, pero llevado al extremo crea en el chico la necesidad de estar validando constantemente su comportamiento a través de la aceptación de los padres. Esto significa que cada vez que quiere actuar, es necesaria la aprobación de sus progenitores.

Los lazos basados en este grado de dependencia ahogan en el pequeño las muestras sanas de autonomía que deben ser estimuladas para que aprenda a tomar determinaciones y a hacer planteamientos por sí mismo, sin importar que el resultado sea un error. Aprender de las equivocaciones es también un proceso necesario que le permite al niño ser responsable de sus decisiones y afrontar las consecuencias.

Es cierto que la misión del padre es guiar con amor a los hijos. Al establecer reglas claras y que el chico entienda, la misión del padre y la madre no debe ser de control sino de supervisión. La escuela y los amigos son mundos que ayudan en la formación del individuo, es allí donde surgen los conflictos para el chico, cuando debe elegir y optar por sus propias convicciones y responder con acciones que muchas veces no están del todo en concordancia con la autoridad de los padres. En esas instancias el diálogo es más positivo que la imposición. La libertad del propio albedrío es más formadora que el control y el sometimiento a los deseos del los padres.

El fin del crecimiento es alcanzar la independencia basada en un comportamiento acorde con las reglas sociales, cuando esto no sucede es posible que se generen incluso patologías como la psicopatía producto de una educación carente de restricciones o la neurosis, donde nunca se llega a tener un concepto adecuado de uno mismo y de la realidad. Además el efecto es baja autoestima, necesidad de aprobación por parte de las figuras de autoridad, incapacidad para tomar decisiones y para resolver problemas.

Al marcharse, el hijo asume que ya puede funcionar socialmente con autonomía. Que es responsable económicamente y que contraerá obligaciones que debe cumplir. A su vez, entiende que tiene que cumplir las reglas de convivencia social y civil, y que está en sus manos su propia vida, su crecimiento y su futuro. Es entonces cuando los padres han cumplido su misión y su autoridad debe convertirse en apoyo y respaldo.