¿Qué es y cómo afecta la rosácea?

No es una enfermedad grave, pero sí muy común y puede afectar la autoestima de quien la padece.

La rosácea es una afección crónica de la piel, cuyo síntoma típico es el enrojecimiento del rostro, aunque puede afectar el cuello, pecho y orejas. Si bien parece benigna, puede complicarse con lesiones inflamatorias si no se trata adecuadamente. Puede aparecer por primera vez en la adolescencia, pero lo más común es que se inicie entre los 30 y 50 años. Casi cualquier persona puede padecerla, pero la población de riesgo son personas de piel muy blanca, que se sonrojan con facilidad.

¿Cuáles son los síntomas?

  • Enrojecimiento que viene y va, o tonalidad rojiza , similar a la de una quemadura de sol que no desaparece.
  • Espinillas y acné común.
  • Vasos sanguíneos en la piel del rostro.
  • Nariz roja o bulbosa (esto es más frecuente en los hombres).
  • Sensación de ardor o picazón.
  • Ojos irritados o llorosos.

¿Cómo se manifiesta?

La rosácea tiene un período de evolución muy largo, caracterizado por la forma en la que afecta a quien la padece. Según la clasificación ofrecida por la National Rosacea Society de Estados Unidos, puede manifestarse en estos cuatro subtipos.

Subtipo 1: enrojecimiento facial y episodios en los que se enrojece repentinamente todo el rostro y se tiene sensación de calor. Comienzan a marcarse los vasos sanguíneos.

Subtipo 2: rubor que no se va y alteraciones parecidas al acné.

Subtipo 3: es un estado intenso, en el que aparecen grandes nódulos inflamados y la piel se engrosa, sobre todo en la nariz, frente y barbilla. Puede requerir cirugía.

Subtipo 4: Se caracteriza por la aparición de lesiones oculares que hacen que la persona sea más sensible a la luz, además de causar ardor y sequedad.

Tratamientos

Si bien es cierto que la rosácea no es muy peligrosa, sí afecta en gran medida la calidad de vida de quienes la padecen. Sus causas se desconocen, por lo que no existe una cura exacta para este problema; sin embargo, existen varios tratamientos que evitan su evolución a estados más avanzados. Como los síntomas varían según el individuo, el tratamiento debe ser ajustado por el dermatólogo , pero casi siempre incluye antibióticos o retinoides orales y cremas diversas de uso tópico.

Se recomienda a quienes viven afectados por este padecimiento que eviten factores desencadenantes como el calor, la luz solar, el estrés, las bebidas alcohólicas, alimentos muy condimentados y el tabaco. También se aconseja visitar grupos de apoyo o asistir a terapia psicológica para evitar o tratar los problemas de autoestima que puedan desencadenarse con este padecimiento. Lo más importante es el diagnóstico y tratamiento inmediato.


Fuente imagen: Esta imagen es una obra derivada de por Shazeen Samad , disponible bajo la licencia Licencia de Atribución en http://www.flickr.com/photos/ssh/9639429/