Anímate a ser feliz

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Anímate a ser feliz

Ser feliz es el objetivo de todo ser humano. Pero no es un deseo, simplemente, sino una necesidad. Nacemos potencialmente preparados para ser felices, está en nuestra naturaleza. Los niños sonríen con apenas tener sus necesidades primarias cubiertas, incluida, claro, la de recibir afecto. Es al crecer y convertirnos en adultos que empezamos a sentir la infelicidad, presionados por los problemas que angustian nuestra mente ¿Cómo recuperar la felicidad, entonces?

Vamos a explicar cómo funciona nuestra mentalidad, para entender porqué dejamos de sentirnos tranquilos y dichosos. Es el camino para comprendernos a nosotros mismos ¡Anímate a ser feliz!

Felicidad y pensamientos

La preocupación por los problemas cotidianos es lo que, principalmente, nos aparta de sentirnos felices. En realidad, esa preocupación no es más que pensamientos disfuncionales, es decir, que no nos sirven para nada. Cualquier reto, cualquier cambio en la vida, incluso un mal momento que nos toque vivir, lo convertimos mentalmente en “un problema”. Y, por lo tanto, aparcamos nuestra felicidad para “cuando se solucione ese problema”. Lo que es lo mismo: dejamos la felicidad para el futuro.

Lo mismo sucede cuando sufrimos una pérdida, sea de un ser querido, de un bien o propiedad, de la salud o de un trabajo: creemos que hemos dejado de poder ser felices, porque nos falta algo que considerábamos importante. Si nos fijamos bien, eso es como renunciar al presente a cambio de un sentimiento o pensamiento del pasado. No podemos recuperar lo perdido con el sufrimiento emocional, pero nos condenamos a sufrir.

Preocupación: pasado y futuro

El futuro está por llegar, y no podemos modificarlo imaginando cómo será; solo conseguimos hacer que las expectativas sean peores, a causa de nuestra amargura o nuestra impaciencia, que no nos permite concentrarnos en lo que sí tenemos: el momento presente, el “ahora”.

El pasado es un lastre que podemos elegir soltar o cargar de por vida. Los hechos que ocurrieron ya quedaron atrás. Es nuestra voluntad decidir si permitimos que nos marquen, que nos sigan haciendo sufrir, o si los dejamos marchar y superamos su recuerdo para intentar recobrar nuestro bienestar. Si el pasado fue bueno y lo añoramos, el presente puede ser bueno igualmente ¿por qué no? Si el pasado nos trae malas experiencias, ¿para qué tenerlo presente, si nos hunde en la desdicha?

Pasado y futuro son solo pensamientos con los que imaginamos nuestra vida. Llegar a una meta, conseguir un sueño o un proyecto, dependen de cómo recorramos el trayecto hacia ellos, no tan solo de hacer ese camino a la desesperada. Preocuparse es inútil; en cambio, ocuparse en cada paso de esa labor es lo que puede ayudar a completarla. Si mantenemos la paciencia, la esperanza y la alegría de estar vivos, ese camino será creativo, pleno y concentrado en progresar, y no solo en alcanzar el fin que, supuestamente, nos hará felices.

La vida real es el presente

La vida real, la única que tienes, la vives y construyes ahora. El momento presente, cada instante del ahora, es el único en el que puedes elegir: ¿quieres sentirte bien o sentirte desgraciado? La pena, el dolor, los traumas, son emociones que debes dejar reposar, para que se diluyan, pero teniendo claro que, ante todo, tienes una vida que puedes elegir como oportunidad o como pesada carga.

Aparte de los acontecimientos externos, estás tú. Tenerte a ti mismo, amarte y entenderte, te hará amar y entender a los demás. Date tiempo, apóyate en los que te aman, vive el instante presente con todo lo que ofrezca y, sobre todo, ¡anímate a ser feliz!

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