Jenni Rivera: el estilo de una diva

Jenni Rivera, la reconocida cantante devenida leyenda, cautivó a muchos por su talento musical, su rol como madre y su alma solidaria. Era una mujer única, dueña de muchísimos valores humanos. Y así como destacó en los escenarios, también brilló por ser auténtica, por lucir su “voluptuoso cuerpo” con distinción y hacerse de un estilo muy suyo: el estilo de una diva.

Contrario a los patrones estéticos establecidos, Jenni vivía orgullosa de su “cuerpo latino, con cadera, pompudo”. Supo sacarle partido a sus mejores atributos, en especial, a su “delantera”, y también cómo disimular sus “defectos de fábrica”. Por eso siempre lució regia, elegante, tanto en sus conciertos, como en las alfombras rojas y la vida diaria.

Al tener una figura llenita, la Diva de la Banda prefería el escote V en casi todas sus prendas, pues, como se sabe, este alarga el cuello, afina los hombros y crea una ilusión de delgadez. En algunos de sus vestidos con esta escotadura, Jenni optaba por una V bien baja, la misma que usaba en ciertas chaquetas y cuyo vértice cerraba con llamativos botones.

Otros de los escotes preferidos por la Gran Señora era el llamado mariposa, que usualmente llevaba en blusas y camisas, y el de cerradura (cuello alto, pero con abertura a la altura de los pechos).

En cuanto al corte de su ropa, Jenni optaba mayormente por un estilo entallado en aras de afinar su silueta. En tanto, sus colores preferidos eran los enteros y brillantes, como el rojo, el azul, el morado y el negro. El largo de sus vestidos, por su parte, oscilaba entre cortos (un par de centímetros por encima de la rodilla, o muy largos (para los grandes eventos). Y sus zapatos, por lo general, eran de tacón altísimo, ya que al ser bajita tenía que “comprar la altura”.

Con respecto a sus atuendos casuales, gustaba mucho de las camisetas con chaqueta encima (de denim y otros tejidos), skinnyjeans desteñidos (estilo desaliñado), vestidos con estampados alegres, shorts de mezclilla, blusas con motivos selva, entre otras prendas.

Durante sus años de carrera, la vimos con varios tonos en su cabello: negro, rubio, rojizo y, finalmente, castaño. Por temporadas, lo llevaba liso u ondulado, con o sin cerquillo, más largo o más corto, con o sin iluminaciones, pero siempre brillante y hermoso. En sus conciertos, casi siempre lo lucía suelto; en las alfombras rojas, igualmente suelto o semirecogido, y en la vida diaria, con una cola de caballo o acompañado de gorras, sombreros o turbantes.

Los accesorios también formaron parte del estilo de Jenni. Era usual verla con muchos collares largos (que igualmente estilizan); con cortos, pero de colgantes grandes, así como con varias pulseras y vistosas argollas: doradas, plateadas o con pedrería.

Su maquillaje, entretanto, realzaba sus ojos, principalmente. Le gustaba el efecto ahumado, acentuar sus pestañas y pintar sus labios con colores claros y brillosos. Conocía muy bien cómo resaltar lo lindo del rostro y ocultar las imperfecciones. Tanto fue así que creó Divina, su propia marca de cosméticos (también, un perfume que lleva su nombre y una línea de ropa para gente como ella).

Incomparable, especial, inolvidable: así era (es) Jenni Rivera, la mujer que triunfó como artista, empresaria y filántropa, y que -fiel a su fisonomía- creó e impuso su inigualable y personal estilo de diva.