La hora del baño, un ritual de belleza y relax

Sumergirse dentro de una bañera de agua caliente es, quizás, el ritual de belleza al que más recurrimos cuando hemos tenido un día complicado o simplemente queremos desconectar de los quehaceres diarios y buscar un momento para relajarnos.

Además de saludable, el baño ayuda a que los músculos se destensen y resulta un auténtico elixir de belleza ya que devuelve a la piel toda la tersura, hidratación y luminosidad.

Maneras de enriquecerlo

Dependiendo del producto que elijas para preparar el baño así será el resultado final del mismo. Los hay para todos los gustos:

•Aceites de baño. Aplicando unas gotas de aceite corporal después del gel, debajo del agua y masajeando el cuerpo, ganarás en elasticidad y suavidad.

•Leche. Un litro vertido sobre el agua (también sirve la leche en polvo) aportará un plus de nutrición a la piel.

•Té. Sus propiedades permiten recuperar el equilibrio natural de la epidermis. Esta infusión, además, posee una acción relajante, basta con verter dos tazas de té verde y permanecer sumergida en ella durante unos quince minutos.

•Sales de baño. Su alto contenido en minerales logran limpiar y proteger la piel mientras que la embellecen.

•Aceites esenciales. Sobre todo indicado para pieles secas ya que gracias a su textura proporciona una dosis extra de hidratación. Asimismo, su gran variedad de aromas se une a su efecto relajante.

Piel de seda e hidratación extra

Tan necesario como mantener la piel hidratada es tenerla lista para que los productos penetren bien y actúen eficazmente. Es por ello, que la exfoliación para eliminar las células muertas se debe realizar al menos una vez a la semana. Aprovecha tu momento de baño para invertir tiempo en masajear el cuerpo con una esponja de fibras naturales y realízate un peeling subacuático completo.

Cuida de la salud de tu piel y emplea un gel que no altere el pH natural e intenta que contenga una fórmula hidratante especial.

Cuida todos los detalles

Como cualquier ritual de belleza, hay que procurar que todo se encuentre perfecto para poder saborear todas las bondades que nos ofrece un reconfortante baño.

En primer lugar, el agua no debe estar muy caliente ya que afectaría negativamente a la firmeza de la piel. Lo ideal es mantener la temperatura en torno a los 37ºC.

Otro aspecto fundamental es crear el ambiente adecuado. Tras elegir el momento idóneo y ya sin prisas, coloca velas aromáticas que ayuden a iluminar y a la vez perfumen la estancia. Finalizado el baño, utiliza una crema hidratante y aplícala realizando movimientos en sentido ascendente para estimular la circulación, incidiendo en esas zonas que a menudo olvidamos (codos, rodillas y pies). Con este gesto, conseguirás también tonificar todo el cuerpo.

Es importante intentar sacar tiempo y dedicarlo a mimar nuestro cuerpo. Por eso, disfruta del placer de tomar un baño y conviértelo en tu tratamiento de bienestar por excelencia.