Conocer al migrante

La obra del artista Ramiro Gómez recobra la presencia y visibilidad de los trabajadores inmigrantes en la vida diaria de Los Ángeles y California
Conocer al migrante
Ramiro Gómez junto a una de sus piezas donde pinta latinos.
Foto: cortesía: Ramiro Gómez

SOCIEDAD

Hace apenas unos días escribí en esta columna que los migrantes y el trabajo que desempeñan en California son tratados como si no existieran, como si fueran invisibles.

El fin de semana pasado fuí a la exposición de un joven creador local quien, a través de su obra, hace visibles a los migrantes. Es Ramiro Gómez, cuya muestra se titula Escenas Domésticas (Domestic Scenes).

Ramiro Gómez se dio a conocer como creador plástico hace un par de años con una sencilla pero brillante idea: comenzó a pintar figuras de trabajadores de tamaño natural en cartón para luego colocarlas en jardines y aceras de los barrios de clase media alta del oeste de Los Ángeles, desde Beverly Hills hasta Brentwood.

Los personajes eran jardineros soplando las hojas secas y cortando el pasto, mujeres cargando niños y paseándolos en sus carriolas, acomodadores de autos, vendedores ambulantes, trabajadores limpiando piscinas. La tez morena delataba el origen inmigrante; la forma de los cuerpos moldeada por largas jornadas laborales y no por los ejercicios del gimnasio.

Los rostros de estas figuras apenas presentaban los rasgos distintivos de una persona: la nariz, la frente, la hendidura de los ojos. Como si sus caras estuvieran ocultas por las sombras.

Ese proyecto de arte público provocó el interés inmediato de periodistas, activistas y académicos, pero también de incontables transeúntes y conductores que veían con curiosidad las figuras creadas por el artista.

En esas figuras, que nadie guardó o coleccionó y que quizá terminaron destruidas por el sol, el agua y una que otra mano inconforme, Gómez plasmó un doble mensaje: la presencia constante y necesaria de las y los trabajadores inmigrantes que sostienen el estilo de vida de la clase media angelina, por un lado; y a la vez, su despersonalización, representada por esos rostros opacos y espectrales.

Las obras de Gómez presentadas en la exposición dan continuidad a algunos de estos temas. Pero ya no son las figuras de cartón, sino cuadros que registran escenas donde la domesticidad y el trabajo del inmigrante se entrecruzan: la trabajadora fregando los azulejos del baño, el empleado limpiando la piscina, el jardinero cortando el césped.

Estas obras juegan con las célebres representaciones de la vida en el sur de California creadas por el pintor David Hockney, las cuales francamente ignoran a las personas que producen esos jardines, piscinas y salas de baño inmaculadas: los trabajadores inmigrantes.

Gómez tiene un conocimiento íntimo de las escenas que retrata, ya que en algún momento se dedicó a cuidar a los niños de una familia en Beverly Hills.

Fue en este trabajo donde pudo observar las relaciones de los patrones con sus empleados de nombres como Candelario, Leticia y Elodia; ahí vio a los trabajadores ocupando el tiempo y el espacio domésticos mientras realizan sus labores.

Va una invitación a los lectores para que acudan a ver la obra de Ramiro Gómez en la galería de Charlie James en la calle Chung King en Chinatown (www.cjamesgallery.com).