Equilibra tu energía con mandalas

Los mandalas son herramientas para conectar con tu energía interior, purificarla y equilibrarla.
Equilibra tu energía con mandalas
Foto: Shutterstock

Los mandalas son composiciones centradas que pueden manifestar la psique humana, ser contenedores de un espacio sagrado o centros energéticos de equilibrio y purificación.

Consuelo Pellicer se ha dedicado durante siete años a diseñarlos a partir de formas de plantas, insectos y elementos del bosque de niebla. Los describe como bioherramientas que tienen una relación directa con quien los colorea.

“Cuando eliges un mandala, la herramienta establece una relación contigo que es personal, la elección del color tiene la misma intención, a la hora que lo eliges se establece una relación personal entre el mandala, el color y tú, y obtienes los mejores beneficios para ti en ese momento”, explica.

Quienes deciden colorear un mandala, indica la diseñadora gráfica, tienen la oportunidad de “recentrarse”, meditar sobre sí mismos, relajarse y darle espacio a la creatividad.

El coloreado de mandalas es una actividad que puede realizarse de forma íntima e individual, pero también puede desencadenar pláticas profundas y relajadas si se colorean en familia, con amigos o incluso en la escuela.

“Situaciones que podrían ser estresantes se diluyen un poco porque entran a un nivel de conciencia diferente que hace que se pueda establecer esa comunicación”, asegura.

¿Cómo colorearlos?

  • Ten a la mano colores, plumones, acuarelas o crayolas delgadas.
  • Busca un lugar con buena iluminación y siéntate cómodamente.
  • Puedes trabajar en silencio, poner música suave o buscar compañía para tener una plática amena.
  • Encuentra la manera de que sea una actividad relajante y no obligatoria.
  • Escoge los colores intuitivamente y experimenta con las combinaciones.
  • Atrévete a transformar el dibujo.
  • Observa tu estado de ánimo antes y después de colorear.
  • Recrea esencia del bosque

    Vivir en el bosque de niebla en Huatusco Veracruz significa para Consuelo Pellicer y su grupo de pequeños dibujantes la oportunidad de conocer a fondo la naturaleza, vivirla y recrearla en mandalas que regalan tranquilidad y conocimiento sobre las especies del bosque a quienes los colorean.

    Diseñadora gráfica de profesión y maestra de toda la vida, Consuelo Pellicer Monterrubio vive con su familia en una comunidad ubicada en un lugar privilegiado que alberga especies de clima templado y tropical, un bosque productor de agua que es hogar de una gran biodiversidad de plantas, animales y hongos.

    Consuelo relata en entrevista el proceso en el que 15 niños de la comunidad, el más pequeño de 6 años y el más grande de 12, crean la materia prima para los mandalas que ella diseña y que ha integrado en una colección de libro-cuadernos.

    “Empecé con mis hijos dibujando los animales del bosque de niebla, hicimos una investigación, fue un proceso muy largo, yo llevo siete años fotografiando el bosque y con esas fotografías lo que hice fue identificar las especies con nombre científico para averiguar más sobre los animales, esa investigación la hice primero con mis hijos y luego en el taller con los otros niños”, explica.

    Lo primero son las fotografías para poder identificar las especies de aves, insectos o plantas, después los pequeños artistas dibujan a su modo los ejemplares y Consuelo se encarga de digitalizar las imágenes para diseñar los mandalas.

    Es así como Sofía de 10 años dibujó un izote, planta cuya flor es comestible y deliciosa; José Francisco de 12 recreó una higuerilla, arbusto cuyas hojas tienen una toxina que puede matar a una persona o animal si se la comen; y Aisha de 9 plasmó un helecho de esos que crecen tan altos como los árboles en el bosque de niebla; y todas esas imágenes se convirtieron en el centro de los mandalas.

    La reproducción en papel de las formas y los colores del bosque convierte a los pequeños pintores en expertos conocedores de las especies que en él habitan y les permiten reconocerlas, cual biólogos, fuera de su entorno.

    “El ocozote, por ejemplo, es un árbol común en nuestro bosque y se ve mucho también en la ciudad porque es una especie que aguanta mucho la contaminación y entonces cuando tenemos visita a la ciudad y encuentran un ocozote, saben distinguir la especie por la hoja porque ya la dibujaron; se vuelven más observadores y capaces de identificar en otros ambientes la misma especie, que eso es bien difícil según los biólogos”, presume Consuelo.

    Los niños que viven en el bosque de niebla aprenden sobre las especies vivas y las respetan.

    “A diferencia de los niños de la ciudad, a quienes les enseñan las especies en extinción, ellos aprenden sobre las especies vivas, entonces ya no es tan fácil que vayan por ahí maltratando a los árboles; al contrario, los abrazan, tienen otra relación con la naturaleza”, explica.

    Pero la relación con el bosque va mucho más allá del arte, se trata de un ente vivo con el que los niños se relacionan de manera espiritual.

    “Lo percibimos como una entidad que está viva y que responde a nuestra presencia porque además hacemos recorridos con los niños en el bosque y cada niño escoge su árbol, le ponemos una cinta con el nombre del niño y cada vez que bajamos, vamos y le platicamos algo, muchas veces cantamos”, cuenta Consuelo.

    Aunque asegura que nada suple el contacto directo con la naturaleza, la creadora explica que la intención de los libros es acercar a la gente al bosque de una manera distinta, a través de la visión de los niños como una invitación para conocer la naturaleza y también se trata de un modo de subsistencia para la comunidad que habita en el bosque de niebla.

    La colección de libro-cuadernos de mandalas se puede adquirir en www.totemvivo.com . El dinero es para la comunidad del bosque de niebla