Talla C: El ganglio centinela

Mi bata era rosa, color que nunca ha usado en mi ropa y me sentía hasta cursi con un modelo muy poco fashion. Pero ahí estaba yo, dispuesta a saber qué pasaba adentro de mí y a quitarme al cangrejo cuanto antes.

No sólo hablaban en inglés, me hablaban en el idioma doctor. Los médicos que me atendieron, uno a uno, desde la oncóloga, el ginecólogo, el cirujano, el anestesista, las enfermeras me decían un lingo que no entendía. No era el inglés, ese lo tengo incorporado. Pero no el idioma doctor .

BRCA1, BRCA2, ganglio centinela, carcinoma ductal in situ, carcinoma lobular invasivo, uffff. Demasiadas palabras que se enredaban en mi cabeza al mismo tiempo que la noticia de tener el cáncer en el seno derecho y de cómo dar la noticia a mi madre, a mi familia. Me imaginaba flaca, ojerosa, calva y de ahí a la tumba y en mi epitafio ya no sabía si había palabras que me representaran o todas esas nuevas palabras que adquirían otra dimensión al paso de los días, de los estudios y de los resultados.

Sin embargo, con uno de esos nuevos términos ingresaría al quirófano previo a la operación que me retiraría el seno. Tenían que sacar el ganglio centinela . Con el resultado que diera esa pequeña cirugía podrían saber la magnitud y el tipo de mi cáncer.

El ganglio centinela me lo sacaron 9 días antes de la mastectomía. Para entender bien de qué se trata explicaré en el idioma doctor que es el primer ganglio linfático, o los primeros ganglios linfáticos, en donde es más probable que se diseminen las células cancerosas a partir de un tumor que llaman primario.

De esta manera, la biopsia del ganglio centinela o como me dijeron los médicos en NY, el sentinel lymph node biopsy (SLNB) ayuda a determinar la extensión o estadio del cáncer en el cuerpo . Su cirugía es breve, digamos que a mí me durmieron por una hora y me retiraron sólo 10 ganglios. Hay a quienes les quitan hasta 30. Y el margen va aproximadamente de 5 a 30 ganglios. Lo bueno en mi historia es que los 10 que me retiraron estaban limpios.

No tuve los resultados sino hasta el día de mi mastectomía. Apenas una hora antes de entrar al quirófano, pero fue el mejor regalo de cumpleaños que me han hecho en la vida. Es más, lo puedo considerar un regalo de vida. De ahí que prácticamente de última hora en vez de pensar en hacerme la doble mastectomía decidiéramos al 100 por ciento que sería una mastectomía simple.

El cáncer había sido pescado apenas había asomado las tenazas. Así que entré optimista y más tranquila a la cirugía. A la vez, permitía al médico determinar el tipo de tratamiento que debía seguir a partir de los resultados entregados por el departamento de patología.

La biopsia del ganglio centinela identifica, extirpa y examina si hay células cancerosas presentes. Al principio no entendía yo nada, pero ahora te puedo contar con lujo de detalle cómo fue la extirpación del ganglio centinela.

No hay necesidad de llegar en ayunas o de hacer una desintoxicación previa. Solamente, como para cualquier cirugía te piden que al menos una semana antes no consumas aspirinas para evitar que la sangre se adelgace demasiado y puedas tener hemorragias en las incisiones practicadas en las cirugías. Pero no me pidieron nada más.

Así que una vez que me registré, llegamos mis amigas Linda Escobar y Laura Martínez a la sala de espera. Ahí me llamaron por mi nombre, me pidieron que me pusiera una bata abierta por el frente y pasé con una enfermera a un cuarto pequeñito. Mi bata era rosa, color que nunca ha usado en mi ropa y me sentía hasta cursi con un modelo muy poco fashion . Pero ahí estaba yo, dispuesta a saber qué pasaba adentro de mí y a quitarme al cangrejo cuanto antes.

El sillón donde me sentaron era parecido al de los dentistas. Llegó una doctora. Vio mi seno derecho, lo revisó, pasó un algodón para desinfectar y me inyectó justo en la areola un líquido de color azul con una mezcla radiactiva. Ufff. No quiero decirte lo que me dolió. Creo que de todas las inyecciones que a estas alturas me han puesto, es una de las que más me dolió. Eso sí, la intensidad no es mayor a 5 segundos. De hecho la doctora presionó sobre la areola y contó: “One, two, three, four, five. Enough”.

No duró mucho el dolor, pero sí que se siente agudo. Yo conté a la par de la doctora y aguantando la respiración. Ahora sé que lo mejor no es aguantar la respiración sino sacar el aire diciendo ” Oooom “. Bueno, puede ser “aaaaah”, pero hay que soltar el aire mientras se dice alguna vocalización para que no se sienta la tensión en la zona pinchada.

Unos minutos después de que me recuperé del impacto me llevaron con mis amigas a la sala de espera nuevamente. Ahí les conté la experiencia, nos tomamos fotografías y la enfermera me puso una manta caliente sobre el cuerpo. Todavía recuerdo que con la simulación de mis nervios sentía yo un frío que me calaba, así que cuando me dieron esa cálida cobija, recuperé mi temperatura y de alguna manera el ánimo.

Media hora pasé en el sillón de espera cuando me llevaron a un pasillo por el que llegaría después al quirófano. Ahí esperábamos mis amigas y yo a los médicos. Nos colocamos las tres nuestros gorros que envolvían el cabello. Seguíamos tomando imágenes riéndonos de nuestras caras y en aquel silencio de hospital sobresalían, por mucho, nuestros comentarios en español y nuestras carcajadas. La doctora llegó y se sonrió cuando nos vio. “¿Estás lista?”, preguntó en su británico inglés. “Ahora viene el anestesiólogo para hacerte algunas preguntas”, continuó.

El anestesiólogo parecía todo un Rod Stewart disfrazado de pitufo con los pantalones, la camisola y su gorro azules en la mano. Tenía el cabello canoso y con un tono verdoso. Era totalmente punketo y juro que aún no me ponían la anestesia. Todas lo vimos tal cual. Me hizo algunas preguntas de rutina que yo respondía mientras observábamos sus cabellos. Hablamos sobre mi presión y les dijo a mis amigas: “¡Entraremos al quirófano a las 5.45 pm. A las 6.45 pm a más tardar ella se despertará”.

Ahí me entró un nuevo frío. Pensar en el efecto de la anestesia, que no del pinchazo me daba un poco de nervio. Como periodista uno lee los raros y extraños casos de todo. Así que pensaba: ¿Y si no me despierto? En menos de 10 minutos ya me tenían caminando hacia la sala de operaciones. Era tal cual las veía yo en las series de televisión como ER o Grey´s Anatomy.

La doctora me recibió y me recosté sobre la plancha de operaciones . El anestesiólogo me inyectó en el brazo izquierdo y recuerdo haber sentido un ligero ardor y decirle a la doctora que los resultados sobre mi cadera estaban limpios, y que el dolor que había sentido en los huesos no era el producto ni de una metástasis, ni de reuma como algunos suponían, sino de puros nervios. No dije más. Me desperté a las 6.45 cuando escuché a alguien decir: “Levántate. Abre los ojos”. No era para mí. Era para la paciente de al lado, pero me trajeron de vuelta a la realidad.

Al despertar me sentía un poco mareada. Me dieron de comer unas galletas y unos sorbos de Ginger Ale. La combinación fue muy buena. Me desperté y tenía yo una energía impresionante. Estaba “hiper” después de que la doctora había retirado los ganglios centinelas.

¿Qué cómo fue? Pues mientras dormía la doctora usó un dispositivo para detectar la radiactividad y buscar los ganglios linfáticos que se han teñido con el tinte azul. Una vez que ubicó el ganglio centinela, me hizo una pequeña incisión, prácticamente media pulgada y lo extirpó. De ahí lo envió con el patólogo, quien días después entregó el resultado de que estaba todo limpio y que no se había pasado ninguna célula ni al hueso, ni al músculo o la piel.

Una vez que desperté de la anestesia, una enfermera me revisó los signos vitales, revisó que me podía mantener en equilibrio y me dijo que podía salir. La biopsia del ganglio linfático centinela puede hacerse como un procedimiento ambulatorio o para algunas personas puede requerir una estancia muy corta en el hospital.

Por lo regular, la biopsia se hace al mismo tiempo que se extirpa lo que llaman el tumor primario. Sin embargo, como en mi caso, se puede hacer días antes o hasta después del tumor.

Una vez que te han extirpado los ganglios debes tener especial cuidado con lo que se llama linfedema, que no es otra cosa que la hinchazón de la pierna o brazo a partir de que las toxinas no se han eliminado correctamente y el miembro no se desintoxica . Puede ocurrir en las primeras semanas después de la operación o hasta unos años después.

No tienes por qué preocuparte: hay ejercicios y hay una serie de medidas que se pueden tomar para evitar una situación como ésta. Lo importante es que tengas claro que si te han diagnosticado un cáncer, la única manera de determinar las características y grado de avance que tiene es a través de la extirpación del ganglio centinela, el cual puede ser antes, durante o después de la extracción del tumor.

Es importante que sepas cuántos ganglios te retiran porque será una pregunta constante por parte de los médicos para tomar decisiones sobre el tipo de tratamientos que deben aplicarte. Recuerda que cada caso está individualizado a pesar de los protocolos generales.

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