Bulevar Sepulveda meca de la prostitución en Los Ángeles

El bulevar que atraviesa el Valle de San Fernando se convirtió en la zona más problemática en Los Ángeles. La mayoría de clientes son latinos, afirma Stephany Powell, directora de una organización no lucrativa que ayuda a las mujeres a dejar la prostitución
Bulevar Sepulveda meca de la prostitución en Los Ángeles
Muchas de las mujeres arrestadas tienden a reincidir, por lo que se pide que se refuercen los castigos.
Foto: J. Emilio Flores / La Opinión

La muchacha de 20 años dobla su cuerpo una y otra vez agobiada por la desesperación, el llanto le gana. Zapatea el suelo varias veces.”¡Les juro que es la primera vez! ¡Se los juro! ¡Nunca lo había hecho!”, clama mientras los agentes encubiertos le colocan las esposas en un estacionamiento bancario sobre la calle Sepulveda en Van Nuys.

“Tengo un hijo de un año. Las cosas se pusieron muy mal en mi casa. Me vine de Oakland y me puse a buscar en Google cuál era la forma más fácil de ganar dinero en Los Ángeles y encontré que era prostitución en la Sepulveda. Tomé el tren y comencé hace ratito”, dice.

Ni argumentos ni sus lágrimas convencen a los agentes. Es entregada a varios uniformados que se la llevan en una patrulla a la estación de policía.

Los cargos, prostitución callejera, un crimen menor.

Minutos antes, la joven de pelo largo ondulado, vestida con unos cortísimos shorts y calzando sandalias, buscaba clientes sentada en una parada de autobuses sobre el bulevar Sepulveda.

“Hola baby. Necesitas un raite”, le dijo el agente encubierto. “Sí pero te espero en el estacionamiento de atrás”.

La muchacha saltó al vehículo. Adentro, negoció $80 dólares por sexo oral y cópula, por quince minutos en el auto. La tarifa promedio de las jóvenes prostitutas sobre la Sepulveda, aunque a veces llegan a conformarse con $20 dólares, o simplemente una hamburguesa. “Tienes suerte. Eres mi primer cliente. Te va a tocar estrenar mi paquete de preservativos esta noche”, le dijo contenta la joven trabajadora sexual al agente.

No se imaginaba que enfilaba rumbo a una emboscada y que esa noche la pasaría en los separos policiacos.

El bulevar Sepulveda, entre Ventura y Raymer, un corredor de entre 3 y 4 millas, se ha convertido en el sitio de mayor prostitución callejera en la ciudad de Los Ángeles, dice convencido Ron Fisher, sargento segundo de la comandancia policial de Van Nuys.

Otras partes de la ciudad que compiten con la Sepulveda en materia de prostitución callejera son el Sur Centro, por la Figueroa, y la Western que comprende partes de Hollywood. En Sun Valley, las sexoservidoras callejeras operan por la Lankershim y San Fernando.

“La prostitución en las calles funciona las 24 horas del día, siete días a la semana”, dice el sargento Fisher.

El horario más ocupado es entre las dos de la madrugada a las seis de la mañana.

“Los Johns [ como se les conoce a los hombres que buscan a las prostitutas] van desde jardineros hasta doctores”, puntualiza Stephany Powell, directora del Proyecto Mary Magdalene, una organización no lucrativa que ayuda a las mujeres a dejar la prostitución.

El 50 por ciento de los clientes, si no es que más, son latinos, y el resto, blancos”, precisa sin un ápice de duda Powell quien es también una sargento jubilada que durante años estuvo a cargo de la unidad antiprostitución de Van Nuys. “La mayoría de ellos son casados”, recalca.

Como si lo estuviera viviendo de nuevo, dice, que los ‘Johns’ lloran como niños en las patrullas cuando son conducidos a la estación de policía. “Por favor no le vaya a decir a mi esposa. No la dejen llamar a la estación”, suelen decir suplicantes los hombres capturados en plena faena.

Y para muestra basta un botón. El sargento Fisher cuenta que hace dos semanas, detuvieron a un ‘John’ cuya esposa acababa de dar a luz en el hospital cercano. “Cuando lo arrestamos, todavía traía la banda de identificación que le dio la sala de maternidad del hospital”.

En los últimos tiempos, los usuarios de la prostitución suelen evitar los hoteles sobre la Sepulveda para ahorrarse unos dólares, y prefieren llevar a las mujeres a las calles oscuras de los vecindarios. En los autos, afuera de las casas se ejecutan los sexoservicios.

“Por eso es que la comunidad está tan irritada porque al amanecer se encuentran con condones y otros materiales tirados en calles, aceras y jardines”, dice Fisher.

La incomodidad es mayor debido a que las trabajadoras sexuales, caminan de un lado a otro sobre la Sepulveda, ofreciendo sus servicios delante de menores de edad. En una petición dirigida a los funcionarios públicos piden la contratación de más policias, más fondos y que las sentencias sean plenamente cumplidas.

“No las confronten, anoten los números de placas, las descripciones de las chicas”, dijo el sargento Fisher a un grupo de vecinos durante una junta comunitaria reciente en una escuela de Van Nuys.

La Policía llega a arrestar hasta nueve prostitutas por noche. A cambio de no pasar tiempo en la cárcel, se les ofrece la opción de recibir sesiones de ayuda en el proyecto Mary Magdalene. Algunas dejan la actividad, otras son arrestadas una y otra vez. Unas más son llevadas por los ‘lenones’ a otras ciudades.

De acuerdo a Powell, la mayoría de las muchachas son víctimas.

“Fueron abusadas sexualmente de niñas, o provienen de hogares de crianza. No tienen familia, ni entrenamiento para un trabajo. Son muy vulnerables y están deseosas de tener una familia. ‘El padrote’ las hace sentir que las quiere, que se responsabiliza por ellas. Pero también las golpea, las obliga a prostituirse y a entregarles todo lo que ganan en la calle, a cambio de cuidarlas”, explica.

La parte más difícil es detener a los clientes y a sus lenones o explotadores. “La mayoría de las muchachas trabajan para un hombre que se queda con todo lo que ganan y que les pone una cuota por noche de hasta $500 dólares o más“, dice el sargento Fisher.

“Cuando yo le pregunté a una que había dejado de trabajar para ella misma, y tenía ahora su propio ‘padrote’, por qué lo había hecho si el hombre le quitaba todo su dinero, dijo que porque se sentía protegida”, explica.

El lenón de ahora es, por lo general, un pandillero a quien le resulta más lucrativo prostituir mujeres a quien puede revender una y otra vez. En cambio, explica Powell, las armas y drogas son un producto que el pandillero puede vender una sola vez.

“¿Cuál es la solución para poner fin a la prostitución? Preguntaron los vecinos a Fisher. “No sé. Pero se necesitan castigos y consecuencias más severas para los Johns y los lenones”, señala.

Powell dice que hay buenas señales porque tanto organizaciones como Mary Magdalene, concejales como Nury Martínez, el procurador de la ciudad y la Policía están trabajando juntos moviéndose en la dirección correcta para ir tras los Johns y lenones.