Cada vez menos payasos, excepto en Los Ángeles

Mientras caen membresías de la asociación de los payasos en EEUU, los artistas de la risa tienen demanda en Los Ángeles
Cada vez menos payasos, excepto en Los Ángeles
Mitzy Moreno es 'Chispita', una de las artistas del 'Club de Payasos'
Foto: La Opinión - Emilio Flores

En Estados Unidos cada vez hay menos personas dispuestas a ganarse la vida haciéndose los graciosos.

Según la Asociación Nacional de Payasos, el más grande gremio de bufones del país, en los últimos diez años sus membresías han caído de 3,500 a 2,500 personas.

Una de las razones citadas para esta crisis es simplemente que las nuevas generaciones no están interesadas en calzar los coloridos zapatones y ponerse las llamativas pelucas con pelos de escoba. Pero esto para sus protagonistas no es motivo de risa.

“En Los Ángeles, no somos una especie en extinción. Hay una gran demanda [de payasos] profesionales, no de los improvisados que quieren hacerse los payasos cuando solo saben hacer dibujos en las caras de los niños y figuras con los globos”, dice Carlos Clemente, fundador y director del Club de Payasos, localizado en el Este de Los Ángeles.

“Los que se dedican realmente a la ‘payaseada’ hacen magia, malabares, cantan, bailan, cuentan chistes, ofrecen varias actividades y juegos a los niños, no solo pintan sus caritas o conocen de globoflexia [como se le conoce al arte de hacer figuras con los globos]”, dice Clemente, payaso por 38 años y para quien el negocio local crece en vez de disminuir.

El Club de Payasos, una agrupación de 18 personajes — seis de los cuales son mujeres— fue fundado hace 29 años y está en planes de establecerse como escuela de capacitación.

A Mitzi Moreno, uno de sus miembros, le toma dos horas caracterizarse como la payasita “Chispita”. Se llena la cara de pintura blanca, la colorea de rojo y con gran esmero se coloca unas pestañas que parecen abanicos, para rematar con una redonda nariz colorada, y una enorme peluca.

“Yo trabajo todos los sábados. Y cuando más demanda tenemos es en el verano”, dice Moreno, quien lleva diez años haciendo reír a los niños, oficio que aprendió de su madre, también una payasa. “Me gusta divertir a la gente, hacerla feliz. Me encanta cuando los niños me preguntan: “¿esa es tu nariz de qué país vienes o cuántos años tienes?”.

Sin embargo, para Erika Cebreros, madre de familia de Joaquín, un niño de cuatro años, y quien trabaja para el portal de crianza y embarazo Baby Center en Español, los payasos no se promocionan lo suficiente. “Nunca los he visto anunciarse donde están los papás ahora, en las redes sociales, en el Internet. Muchas familias latinas no saben que tienen esa opción en este país para sus fiestas. Cuando vemos fotos de las fiestas infantiles de Latinoamérica, los payasos están por todas partes, incluso en los baby showers. Aquí una amiga tuvo que vestir a otra amiga de payaso”, dice.

“Desde que mi hijo nació, vamos a fiestas infantiles con regularidad, y nunca he visto un payaso”, afirma la madre.

Lo que sí esta claro para los payasos es que este no es un trabajo de tiempo completo, aunque muchos lo hacen por pura falta de dinero.

Manuel García, otro integrante del grupo, dice que él se metió de payaso cuando estaba urgido de dólares y vio un anuncio del Club de Payasos en el periódico. “Lo que uno se gana es una entrada extra. Yo sigo trabajando en un restaurant de hamburguesas”, dice mientras se transforma en el payaso “Plim Plim”.

Raúl Hernández, además de trabajar los fines de semana como “Pipiolo”, entrena basquetbol en la secundaria Oscar de la Hoya y además funge como hipnoterapista. “Desde que soy payaso, disfruto más la vida, veo todo más ligero. Y lo que más gozo es cuando los niños se quieren tomar fotos, y con su carita me dicen, no te vayas”.

Otro miembro de la ‘tropa’, Carlos Clemente, dice que los contratan de una a cinco horas y la tarifa promedio es de 80 dólares por hora.

Y a pesar de todas las opciones de entretenimiento tecnológico que tienen los niños en la actualidad, ni los videojuegos ni las tabletas suplantan la función de los payasos.

“La tecnología va avanzando pero nosotros también. Luchamos para convertirnos en verdaderos artistas de la risa”, dice “Plim Plim”.