Arizona: ensayo social

Arizona: ensayo social
Varias corporaciones presionaron a Jan Brewer, gobernadora de Arizona, para que vetara la ley.
Foto: Getty

POLÍTICA

¿Qué les parece contemplar la idea de mudarse a Arizona? Si el individuo a quien se le propone es un fanático de la religión, implacable contra los derechos de los gay y las lesbianas e intolerant e con la población indocumentada, entonces el cambio a uno de los estados más conflictivos de la Unión Americana será una decisión apropiada.

Arizona es el estado donde los latinos viven (documentados o indocumentados) mirando constantemente a su alrededor, pensando que en cualquier momento les aparecerá la policía local y los detendrán por cualquier motivo. En algunos casos son arrestados por ser diferentes, porque tienen el cabello oscuro o tienen la piel morena. Y si hablan con un acento extraño, el futuro de los latinos es más incierto, especialmente si viven en las tierras del sheriff Joe Arpaio, héroe siniestro de los más retrógrados del desierto.

Arizona es aquel estado donde los senadores y sus representantes estatales hacen experimentos sociales por doquier. El Gobierno es como un “conejillo de la india”, ese pequeño roedor que, años atrás, algunos biólogos e investigadores universitarios utilizaban sus pequeños cuerpecitos para realizar experimentos inmundos e inhumanos.

En este sentido, el experimento político que practican los legisladores de Arizona con su población no es para beneficiar a toda la gente, sino para cultivar el apoyo de un sector altamente radicalizado por una ideología intolerante y antidemocrática.

Esta semana, representantes (los senadores lo hicieron anteriormente) de Arizona aprobaron la propuesta SB 1062. Conocida como la legislación “antigay”, una medida que otorgaba a los negocios privados la capacidad de negar servicios a personas cuyo estilo de vida es distinto al ultraconservador de un sector radical de Arizona.

En pleno siglo XXI, los representantes de Arizona pretendían implantar la discriminación legal y sistémica contra los hombres gay y mujeres lesbianas, argumentando “derechos religiosos”.

La gobernadora de Arizona, la republicana Jan Brewer, que anteriormente había firmado una de las leyes más repudiables contra los inmigrantes, se negó a firmarla.

Está claro que su veto fue producto de la presión de empresas transnacionales y políticos influyentes del Gobierno federal; no provino por voluntad propia. Todos sabemos que, cuando se trata de apoyar leyes perniciosas, el Gobierno de Arizona es uno de los primeros en apuntarse en la lista.

El rechazo de la ley contra los gays y las lesbianas llega tarde para los arizonenses. Lamentablemente el daño ya está hecho. En los ojos de la mayoría de los estadounidenses Arizona se convirtió en el bastión de la intolerancia, el epicentro de la discriminación y el refugio del fanatismo religioso.

El gran filósofo griego Sócrates contaba que los seres humanos estamos encadenados por los prejuicios de nuestras estructuras sociales (sistema político, economía, religión, cultura, etcétera).

Los arizonenses están aprisionados por miles de cadenas. Pobre Arizona.