Pavos reales sueltos en Arcadia: Entre el amor y el odio

Para muchos, son una de las maravillas visuales de vivir en esta ciudad en el noroeste del condado de Los Ángeles. Para otros, son animales destructores y perjudiciales

Pavos reales sueltos en Arcadia: Entre el amor y el odio
Un par de pavos reales comparten un cruce de calle en la ciudad de Arcadia con otras dos residentes humanas.
Foto: La Opinión - Aurelia Ventura

Los pavos reales que vagan libremente por el Jardín Botánico y por las calles de Arcadia, viven como el tema de una telenovela mexicana: entre el amor y el odio.

Para muchos, son una de las maravillas visuales de vivir en esta ciudad en el noroeste del condado de Los Ángeles. Para otros, son animales destructores y perjudiciales, a los que ya no quisieran ver destruyendo sus jardines.

Oriundas del continente asiático, estas coloridas aves llegaron a la región traídos por uno de los fundadores de esta ciudad, el hombre de negocios y “pionero” californiano, Elias J. “Lucky” Baldwin.

De acuerdo a varios historiadores y al sitio oficial de Internet de la ciudad, los pavos reales fueron traídos en 1880 a lo que se conocía entonces como el Rancho Santa Anita.

Los animales vivieron libremente en esta zona por años y pese a la urbanización de la misma, la creación del jardín botánico (Arboretum) en 1947 ayudó a que los animales pudieran acoplarse a la vida moderna y apresurada del Sur de California.

Más de 130 años después, los animales aún siguen siendo parte del paisaje de esta pequeña urbe.

“Los pavos reales son una parte maravillosa de vivir en Arcadia, sin embargo, en algunas ocasiones pueden ser destructivos y perjudiciales“, reza un panfleto de la ciudad en donde exhortan a los residentes y visitantes a no alimentar a los animales.

Bajo el Código Municipal de la ciudad, alimentar a estas aves está prohibido y puede ser sujeto a una multa.

Pese a que los animales son mayormente herbívoros, se sabe también que uno de sus platillos preferidos son los de las mascotas del vecindario. Los locales saben que esa es una de las razones por las que las aves entran sin avisar a sus residencias.

Entre las flores, también tienen su preferencia. Las coloridas begonias y petunias son variedades que los atraen fácilmente, mientras que las azaleas y las gardenias los alejan de los jardines.